espantar

(redireccionado de espanta)
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  • verbo

Sinónimos para espantar

ahuyentar

Sinónimos

Ejemplos ?
Mi amante barbero es éste, que a interceder ha venido por no sé quién con Jusepa; y según lo precedido, hablando con ella estaba. Basta; que yo sólo sirvo de espanta-gustos en casa.
El poema tiene el alarde pindárico, el vuelo herediano, rebeldes curvas, arrogantes reboses, lujosos alzamientos, cóleras heroicas. El poeta ama, no se asombra. No se espanta, llama. Riega todas las lágrimas del pecho.
El objeto primordial de la serie de cartas que éste viene publicando en aquel diario se explica bien en las siguientes palabras que constan al principio de la primera: «Uno de mis mayores gustos es no cejar un punto en la guerra a muerte que tengo declarada a Dios ». En esta manifestación hay algo que espanta y mucho que hace reír.
-Y yo los zapatitos de raso blanco, que codicié en las vidrieras del Gallo. -¡Estas niñas son capaces de empobrecer a Goyeneche! -¡Te espanta esa bagatela! -observó la matrona-.
Cuando más aguas levantando vienen, Ya las otras cejando se retiran; Y como opuestas giran Se chocan, se retienen, Las de allá se alzan más, con fuerza tanta Que al desplomarse su furor espanta.
El soldado bisoño con sólo el temor de las heridas se espanta; mas el antiguo con audacia mira su propia sangre, porque sabe que muchas veces después de haberla derramado ha conseguido victoria.
"Haces mención de Epicuro, y atréveste a decir: el varón sabio no se ha de encargar de la república. ¿No te espanta esta proposición el ceñuelo de nuestro Bruto?".
¡Qué impura amalgama, de gente y colores, de tocas y flores, del claustro y el siglo, fatal confección! El monje a la dama se lleva volteando va Vesta abrazando a un fiero vestiglo que espanta el salón.
Ni lo que fué me angustia, ni el porvenir me espanta: no sé más que hacer versos; y porque más no sé, mientras que en pie me tenga con voz en la garganta, mis verso a mi Patria y a Dios consagraré.
¡Que alguien pueda socorrerme!” dice una voz angustiada. Y cada ola responde con un rugido que espanta: “Muera quien muera ¡qué importa!
Estorbos mil al encuentro nos salen a un punto mismo; doquiera se abre un abismo donde avanzamos el pie, doquiera una sombra horrible nos descarría y espanta, y se anuda la garganta y se acobarda la fe.
Del turbio Guadalquivir con las frondosas riberas, los pescadores de Nápoles, las lagunas de Venecia. Esto, todo esto ve y oye en la armonía secreta de aquella voz celestial que le espanta y le embelesa.