Ejemplos ?
De improviso, surgió del terreno flexible un espantoso monstruo que con mirada agraz y cinco furiosos hocicos se abalanzaba hacia él para devorarlo.
Me acuerdo de un día que estaba lloviendo a cántaros, el basurero se paró frente a la puerta de la casa donde yo servía. ¡Era un tiempo espantoso!
Imaginémonos un punto el renovado terror de la pobre madre, hasta que Angustias la convenció de que estaba ilesa. Básteos saber que, según iremos viendo, la infeliz guipuzcoana no había de gozar hora de salud desde aquel espantoso día...
Me paseaba por ellas, y el horror relampagueaba al través de mis vértebras y sacudía mis nervios con estremecimientos sombríos. Porque yo -era lo más espantoso-, yo no había sufrido la suerte común.
Ahí todos comenzaron a reírse y sus risas me martirizaron hasta que un gran rayo magenta iluminó el antro del horror. Fue entonces cuando apareció algo espantoso: ¾¡Satanás!
Y soplando despues en la pavesa Por el ancho y mefítico agujero Huyeron los fantasmas con su presa, Huella indeleble su espantoso bando En el tostado boqueron dejando.
Yo me sentía tigre: al amanecer me sorprendí con mi conciencia de hombre vuelta a un cuerpo completamente manchado de sangre. Gan, con la cara aplastada en la hojarasca, dormía su hartazgo espantoso.
En muchos días no cesó el volcán dé echar humo, fuego y ceniza y temblar la tierra reciamente, y oyéndose un ruido ordinario y espantoso, y de noche salían de él globos de fuego que parecía abrasaban el aire.
Sólo entonces comprendieron los vecinos del Padrón que el boticario estaba también envenenado. Vierais entonces un cuadro tan sublime como espantoso.
Estaba desierto, no se oía un ruido, ni un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manojo de verduras o flores. Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto. Un espantoso terror se apoderó de mí. ¿Qué sucedía?
Toda la granja brillaba con el espantoso y desconocido color; árboles, edificaciones e incluso la hierba que no había sido transformada aún en quebradiza y gris.
Dicen algunos que está allí como símbolo del silencio, y con igual significado aparece en otras iglesias del reino de Aragón, imponiendo recogimiento a los fieles; pero el pueblo valenciano no cree en tales explicaciones, sabe mejor que nadie el origen del espantoso animalucho, la historia verídica e interesante del famoso “dragón del Patriarca”, y todos los nacidos en Valencia la recordamos como se recuerdan los cuentos “de miedo” oídos en la niñez.