espantoso

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Ejemplos ?
Los cuales vocablos latinos que tradujo la versión Vulgata, y los que le responden en los originales hebreos y griegos, significan este animalejo que conocemos y llamamos avispa, y algunos intérpretes, particularmente San Agustín, dudaron si se habría de entender en aquellos lugares a la letra, en significación propia, o si significaba por translación con este vocablo la fama y rumor de los milagros espantosos de Dios y número y valentía de los israelitas, que precedió volando como avispa y picando y acobardando los ánimos de los cananeos, para que fuesen fáciles de combatir y de vencer.
Tamerlán era una bestia, y Arkwright era un genio enviado para ayudar a los hombres, aun así los espantosos malabarismos del sistema económico de los viejos tiempos hicieron que el benefactor causase tanto sufrimiento humano como el brutal conquistador.
Y notamos que el Vesubio, que desde lejos parece tan liso, unido y poco fragoso, tiene quiebras asperísimas, profundos valles y espantosos despeñaderos, semejante a aquellas personas que parecen de lejos y en visita tan apacibles y mansas de condición y que luego en sus casas y tratados de cerca se ve que son unos verdaderos tigres.
Todos se esforzaban por darle el éxtasis al que aspiraba; éste tuvo lugar, sus nervios se estremecieron, sus ojos brillaron, hubiera sido terrible para cualquiera que ignorase cuáles eran en él los efectos espantosos de la voluptuosidad.
Gritos espantosos, blasfemias atroces salían de su pecho hinchado, sus ojos llameaban, su boca soltaba espuma, relinchaba, se lo podía tomar por el Dios de la lubricidad.
El genio y temperamento de los habitantes, mas belicoso y robusto que el de los Isleños; la aspereza salvage del terreno, que solo presentaba montañas fragosas, pantanos nocivos é intransitables, y horribles desiertos; un clima cruel armado de frios y calores igualmente insufribles, rechazaban de todas partes á los Europeos cansados de luchar sin fruto con tan espantosos estorbos.
Entonces cesa, me levanta, me acuesta boca abajo en un sofá alto, se sienta entre mis piernas por detrás y se pone a hacer a mis nalgas lo que acababa de hacer a mis tetas; las palpa y las comprime con una violencia sin igual, las abre, las cierra, las amasa, las besa mordisqueándolas, chupa el agujero de mi culo y, como estas compresiones reiteradas ofrecían menos peligro por este lado que por el otro, no me opuse a nada y, dejando hacer, procuraba adivinar cuál podía ser el objeto de aquel misterio en cosas que me parecían tan simples, cuando, de pronto, oigo que mi hombre lanza gritos espantosos: —Huye, puta jodida, huye —me dijo—, huye, zorra, descargo y no respondo de tu vida.
Varios nublados oscurecían la atmósfera, soplaba fuerte el Este, una faja negrusca ceñía el inmenso Océano, sobre la cual se veían blanquiscas y cenicientas nubes de formas fantásticas, semejantes a horribles dragones, a soberbios elefantes, a espantosos caballos marinos, precedidos de uno aún más imponente todavía que parecía haber toma do la forma del ángel del último juicio con su atronadora trompeta.
Los diarios han esbozado algunas crónicas de la vida fronteriza, perfilando a través de relatos espantosos la silueta de un personaje, señor de vidas y haciendas en Río Grande, João Francisco, que a fuerza de aparecer malvado y sanguinario va tomando en la imaginación popular los contornos de algunos de nuestros señores feudales de la Edad Media argentina.
Cuando todos aquellos gordos gigantones habían huido del imponente animal, éste se retiró pesadamente armando un gran estruendo, dando espantosos rugidos y echando ruidosos y malolientes vientos.
Ella ha querido que España respete su voluntad, que es la voluntad de los espíritus honrados: ella ha de respetar la voluntad cubana que quiere lo mismo que ella quiere, pero que lo quiere sola, porque sola ha estado para pedirlo, porque sola ha perdido sus hijos muy amados, porque nadie ha tenido el valor de defenderla, porque entiende a cuánto alcanza su vitalidad, porque sabe que una guerra llena de detalles espantosos ha de ser siempre lazo sangriento, porque no puede amar a los que la han tratado sin compasión, porque sobre cimientos de cadáveres recientes y de ruinas humeantes no se levantan edificios de cordialidad y de paz.
Y Rufina, con los ojos ardientes, como si fuera a devorar a su marido, le agarraba de la pechera, zarandeando rudamente a aquel hombrón. Pero no tardó en soltarle, y, levantando los brazos, prorrumpió en espantosos alaridos.