Ejemplos ?
Y, siguiendo la farra, volvió a la pulpería, donde, con un tono chocante que contrastaba con su finura habitual, convidó a los concurrentes, hablando, con altanería sin par, de medir con cualquier facón su «capadora» y de castigar a rebencazos a esos cobardes, que lo miraban como zonzos, sin atreverse a decirle nada.
—Y se alejaba lentamente; la lonja del rebenque barriendo el suelo, las piernas zambas, el tirador zarandeado por un movimiento de caderas que se comunicaba al enorme facón en balanceo desigual.
Pujaban por su reputación intelectual... De los periodistas, Fulano es el mejor porque insulta y se queda en guardia blandiendo la hoja de su facón veterano.
Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber cómo, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petiso, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano la lonja de un rebenque de cabo de fierro.
Si le servían una copa más, empezaba a ver rojo en su alboreo y entonces, "Truco" era voluntario en la "carchada", le pisaba las paletas a un herido y, facón en mano, le "campiaba el cogote" hasta encontrarle la "olla" que hervía sangre a borbotones.
Ayuntaos, en güenos fletes, con facón y garabina, llevando en la anca una china sabrosa y de rechupete, busque usté quien nos sujete ni se nos ponga poelante, valor tenemos sobrante pa arroyar un cuadro entero, y ha de ser más que lijero quien nos madrugue o espante.
Sin querer nada esperar las pilchas a luz saqué, el sable y muarra limpié y me dispuse a marchar. De un facón que tenía allí y de tacuara una caña, hice una lanza tamaña poniéndole un tongorí.
De facón en la cintura, -pues a él no se había animado Fulanez a pedirle las armas-, arrogante, lo primero que hizo fue convidar al sargento y al soldado a que tomasen la copa.
Como lerdo nunca fi le dije, «mi capitán, le serviré con afán, no tendrá queja de mí, y nunca saldré de aquí sin darle primero aviso, pa que me dé su permiso sigún mi comportación, lo juro por mi facón o por la tierra que piso.» El capitán la tragó y se quedó sastisfecho; hice el papel tan derecho que hasta me recomendó, y a un teniente le ordenó no tratarme con rigor, se ofertó pa protetor si cometiera un delito, ¡Ya!
Yo cumplí lo prometido: cuando estube en libertá lo mesmo que el aperiá en un pajal busqué nido; allí como hombre albertido lo pasé rigularon, al dirme uñatié un facón, mis boliadoras y un laso pa poder salir del paso en cualesquier arriejón.
Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina,» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber como, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petizo, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano, la lonja de un rebenque de cabo de fierro.
Así, durante mucho tiempo. Hasta que una mañana, despierta, monta en su flete y se lo manca un alambrado, saca el facón y se lo envaina un código.