fatídico


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Sinónimos para fatídico

Sinónimos para fatídico

Ejemplos ?
Era el maletín, era aquel lindo accesorio de la vida civilizada, repleto de collares, de estuches de terciopelo blanco, sobre los cuales refulgían y se irisaban las nacaradas y redondas perlas, lo que, a las altas horas de la noche, dentro de un tren en marcha, en la semiclaridad lívida de la luz, columpiada a los vaivenes, causaba a Julio la terrible, la abrumadora sensación del peligro presente, inminente, que se acercaba fatídico, inevitable...
Al lado de estos, al parecer, fatales caracteres manos crispadas por nerviosas convulsiones amontonaban puñados de oro, que desaparecían y se renovaban al fatídico caer de los dados, entre aclamaciones y blasfemias.
Podía tratar de comprender las razones personales del desprecio de Zedillo a una propuesta tan importante como la de Aspe, pero me pareció, y me sigue pareciendo ahora, que hubiera sido mejor anteponer el interés superior de una transición económica ordenada a esos sentimientos personales tan cuestionables. Con ese rechazo aparentemente visceral se iniciarían los pasos que encaminaron a México hacia el fatídico "error de diciembre".
Rogerio sintió, al arrojar los dedos, algo extraño que le hizo cerrar los ojos. El2 silencio que sucedió al ruido fatídico de su caída, se los hizo abrir de nuevo.
Yo no sé, lector, si alguna ocasión te has encontrado de noche en un vasto templo, sin más luz que la que despiden algunas lamparillas colocadas al pie de las efigies y sintiendo el vuelo, y el graznar fatídico de esas aves que anidan en las torres y bóvedas.
Siempre, a la primera campanada de las nueve y visible sólo para él, se presentaba el fatídico fantasma; y siempre, después de una glacial reverencia, se evaporaba a la primera campanada de las diez.
Entonces Arias de Segura pudo al resplandor fatídico de las luces contemplar en vez de rostros descarnadas calaveras y que los cirios eran canillas de difuntos.
El secretario sonrió burlonamente de la superstición de su señor, en cuya vida, que él conocía a fondo, habría probablemente alguna aventura en la que desempeñara papel importante el fatídico número a que acababa de aludir.
Había, pues, que someterse a llenar los huecos que el fatídico corredor abría constantemente en sus filas de inermes desamparados, en perpetua lucha contra las adversidades de la suerte, abandonados de todos, y contra quienes toda injusticia e iniquidad estaba permitida.
El juego, alimento de corazones ociosos y ávidos de acción, devoraba la existencia de los corrillos; el juego, nutrición terrible de las pasiones vehementes, cuyo desenlace fatídico y misterioso se presenta halagüeño, más que en ninguna parte, en la cárcel, donde tanta influencia tiene lo que se llama vulgarmente destino en la suerte de los detenidos; el juego, símbolo de la solución misteriosa y de la verdad incierta que el hombre busca incesantemente desde que ve la luz hasta que es devuelto a la nada.
La Tragedia en la Frontera Suroccidental Primeros Síntomas 1.940 Los últimos días del año de 1.940 tienen para los ecuatorianos el eco fatídico de incursión peruana a nuestro Oriente, por la región de Nangariza y con pretensiones de avances por la zona del río Zarumilla.
Y era ella la que, poco a poco, para mejor delatar su presencia, oprimía el corazón olvidadizo, le obligaba al recuerdo. Quedamente, quedamente, zumbando de un modo sordo y fatídico, repetía: -¡Aquí!