griterío


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Sinónimos para griterío

Sinónimos para griterío

Ejemplos ?
Al mismo tiempo, los vientos expandían con estrépito la conmoción, el polvo, el trueno, el relámpago y el llameante rayo, armas del poderoso Zeus, y llevaban el griterío y el clamor en medio de ambos.
Una buena azotaina, he aquí lo que necesita. Si yo fuese el Rey, pronto cambiaría. De pronto se oyó un gran griterío en la carretera. Pasaba la princesa.
Se retiraron mohínos entre la rechifla de los chicuelos, ofendidos porque les habían dejado fuera de la iglesia, y el griterío de las mujeres, que aprovechaban la ocasión para vengarse de la orgullosa Pascuala.
—No, ya que a muy poca distancia de aquí se halla el Reino de los Vampiros.— Apenas acababa de decir esto, cuando la música cesó, el sol corrió su cortina, apareció la noche y se escuchó un griterío horrísono: —¡Salvémonos!
Un griterío de pronto se escuchaba en aquellos atacados por el mal de la energía, que con este regio calificativo se le designaba, pues su potencia había crecido tanto que el cerebro de los adoloridos parecía estallar al no poder encauzarla.
Así es esta calle en donde vivo, una calle como muchas, pero que tiene personalidá. Siéntela: Ruidos por la madrugada. Ruidos por la tarde. Ruidos a todas horas. Griterío cotidiano. Confusión. Siempre confusión.
Eva barrió y regó la entrada de la masía, la cocina y los estudis; puso a la cama la colcha nueva, fregoteó las sillas con jabón y tierra, y entrando en el aseo de las personas, se plantó su mejor saya, endosando a Adán una casaquilla de hojas de higuera que le había arreglado para los domingos. Ya creía tenerlo todo corriente, cuando le llamó la atención el griterío de su numerosa prole.
9. Se levantó, pues, un gran griterío. Se pusieron en pie algunos escribas del partido de los fariseos y se oponían diciendo: «Nosotros no hallamos nada malo en este hombre.
El verdugo no era hombre que se asustase fácilmente; se subió a la espalda de su víctima con gran griterío de los asistentes, pero la mano mostró con su rostro la misma irreverencia que con el del magistrado Chevassut; el verdugo, maldiciendo, sacó un gran cuchillo que llevaba siempre entre sus ropas y de dos golpes cortó la mano poseída.
-y soltó una carcajada, pues el chiste le pareció gracioso, y los demás le hicieron coro. Todo el grupo de cazadores prorrumpió en un estruendoso griterío, al que se sumaron los ladridos de los perros.
Pero del salón donde se celebraba el banquete llegaba el griterío y alboroto de lo que querían ser canciones; no sabían hacerlo mejor.
Brusca ráfaga embocóse por la puerta, apagando las bujías; cinco o seis trabucazos paralizaron toda acción entre el griterío; rodaron muebles, estallaron barrotes, la perrada cerró inútilmente contra el grupo de bandoleros que partía a toda la furia de los caballos –y cuando la joven volvió en sí, hallóse entre los brazos de un jinete desconocido, bajo el silencio y la sombra del monte, percibiendo el paso de varias cabalgaduras y oyendo sin distancia, en la soledad, el gemido de los pájaros nocturnos.