hambriento

(redireccionado de hambrientas)
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  • sustantivo

Sinónimos para hambriento

famélico

deseoso

Ejemplos ?
Cómo deste lugar hice mudanza no sé, ni quién d’aquí me condujiese al triste albergue y a mi pobre estanza; sé que tornando en mí, como estuviese sin comer y dormir bien cuatro días y sin que el cuerpo de un lugar moviese, las ya desmamparadas vacas mías por otro tanto tiempo no gustaron las verdes hierbas ni las aguas frías; los pequeños hijuelos, que hallaron las tetas secas ya de las hambrientas madres, bramando al cielo se quejaron; las selvas, a su voz también atentas, bramando pareció que respondían, condolidas del daño y descontentas.
Nueve: su verdugo la pincha continuamente con un hierro al rojo; la muchacha está amarrada ante él, así la hiere poco a poco en todo el cuerpo detalladamente. Diez: está encadenada a un pilar bajo un globo de vidrio y veinte serpientes hambrientas la devoran viva poco a poco.
Leían escasas novelas fáciles, más se interesaban por las intrigas de actrices de la pantalla, y cavilaban sus escándalos y los de sus galanes cuyos adulterios ofrecían a estas imaginaciones reducidas pero hambrientas, un mundo extraordinario.
Las ovejas sufren más; pasan largas horas, encerradas, esperando, hambrientas, bajo el húmedo peso de su lana empapada, que un descanso del temporal permita al amo abrirles las puertas y dejarlas comer, apuradas, durante un rato, atajándolas, para que no se desparramen: no se pueden echar en el inmundo fango del corral y se lo pasan, paradas, en el barro hediondo, encogidas y dando las espaldas al viento, o remolineando sin descanso.
Nuestro gaucho heroico no las recorre ya, cantando a media voz una canción de guerra o de amor, y buscando su incorporación al ejército de la patria, conductor del arca santa de nuestra alianza con la libertad y con la gloria; las inmensas yeguadas, y las tropillas de potros salvajes recorren sin jinetes nuestros campos, atronando la soledad con el choque de sus cascos; las manadas de perros cimarrones vagan hambrientas a lo largo de nuestras cañadas...
–No son meramente dos islas floridas, de elementos aún disociados, lo que vamos a sacar a luz, sino a salvarlas y servirlas de manera que la composición hábil y viril de sus factores presentes, menos apartados que los de las sociedades rencorosas y hambrientas europeas, asegure, frente a la codicia posible de un vecino fuerte y desigual, la independencia del archipiélago feliz que la naturaleza puso en el nudo del mundo, y que la historia abre a la libertad en el instante en que los continentes se preparan, por la tierra abierta a la entrevista y al abrazo.
Como bajan de las sierras tenebrosas las famélicas hambrientas alimañas, por la cuesta del serrucho va bajando la paupérrima jurdana...
Los imperios decadentes de los tiempos antiguos han presentado a menudo tales espectáculos de esplendor imperial y aristocrático, a cuyo abastecimiento y mantenimiento se dedicaba el trabajo de hambrientas naciones.
El mercado estaba saturado cuando los adinerados estaban satisfechos, aunque muchedumbres hambrientas y desnudas pudiesen amotinarse en las calles." "¿Sería posible hoy en día una cosa tal como la existencia al mismo tiempo de almacenes llenos y gente hambrienta y desnuda?" "Por supuesto que no.
La hetera de lugar es menos exigente, pedigüeña y antojadiza que las Coras, las Baruccis, las Paivas y otras famosas heteras parisinas; pero aquéllas son solas, se diría que nacieron como los hongos, y la lugareña tiene un diluvio de parientes, que se lanza y abate sobre la casa y la hacienda del mantenedor enamorado, como bandada de langostas hambrientas y voraces.
Otros llegaban al puerto, creciendo poco a poco, rodeados de gaviotas que flotaban a su lado como copos de espuma y, ya fondeados, los rodeaban pequeños botecillos ágiles. Eran entonces los barcos como cadáveres de insectos, acosados por hormigas hambrientas.
Y cuando volvió por fin a echarse, ensangrentado, muerto de fatiga, tuvo que saltar tras las ratas hambrientas que invadían literalmente el rancho.