Ejemplos ?
Augusto no es a los ojos de su esposa aquel hombre amable y seductor, flexible y condescendiente; es un holgazán, un hombre sin ninguna habilidad, sin talento alguno, celoso y soberbio, déspota y no marido...
Mas no era el holgazán del escaso número de los que cumplen lo pactado, y su orgullo de varón y dueño tampoco se avenía a aquella dependencia, a aquel papel accesorio...
Grande es, por cierto, la diferencia; pero con todo eso no está lo uno sin el otro; porque ni aquel contempla sin acción, ni éste hace sin contemplación, ni el otro tercero, de quien comúnmente sentimos mal, prueba al deleite holgazán, sino al que con la acción hace firmes a los hombres; según lo cual, aun esta secta de los que buscan el deleite, consiste en acción.
El viejo gruñía y el niño lloraba. -Eres un holgazán, Ángel, no sirves más que de estorbo -decía el anciano-; ni trabajas hoy ni trabajarás en tu vida.
¿Qué buscas en los ojos de esa criatura? ¿Ves en ellos la hora, mortal pródigo y holgazán?» Yo, sin vacilar, contestaría: «Sí; veo en ellos la hora.
VI ¡Levántate holgazán!…¿ves el conjunto?, la gloriosa verdad de las estrellas, pues sabe que sin ti, sombra, trasunto, dejarían de andar y de ser bellas; ¡porque basta que ceda un solo punto, para verlas caer a todas ellas!… ¡Levántate holgazán: vibre tu pulpa, peligra el universo por tu culpa!
En otro momento acaso se hubiese fijado la señá Cipriana en que las yemas que estaba calzando no tenían callo alguno, y aunque fuertes, eran de holgazán.
Su maestro dijo que no tenía cabeza para el griego, y él mismo cuenta que fue de muchacho muy travieso y holgazán; pero gozaba de mucha salud, y era gran amigo de los juegos de su edad.
El niño de los señores de Camarena -éste es el apellido- logra descollar entre los infinitos ejemplares de su clásico tipo que abundan por ahí. No lo habrá más perdido, ni más holgazán, ni más simpático.
Aquí está prohibido. 'Ora tan siquiera, ¿no? ¡Lárguese holgazán!, antes de que llame a los gendarmes. Ta'güeno, padrecito. ¡Mamá!
VII Nadie te dice, nadie, que no sueñes y la luz de otros tiempos no vislumbres; que sin haber subido te despeñes, y a vivir despeñado te acostumbres; que la visión angélica desdeñes, de la paz que sospechas en las cumbres; ¡más de tus sueños de holgazán no hables!; porque tienen que ser ¡muy miserables!
-Recordaré la lección que de esto se desprende, dijo la cotorra, porque en la casa donde estoy, que es de gente rica y noble, hay un niño muy holgazán e infatuado que desprecia a los humildes; y yo he de repetirle que el pobre con su laboriosidad puede elevarse mucho, y que el hombre es hijo de sus obras.