médico


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Sinónimos para médico

Sinónimos para médico

Ejemplos ?
Voz Puesto 1: -Dice el Comandante en Jefe lo siguiente: es indispensable que a la brevedad posible los médicos jetes del Servicio de Sanidad del Ejército, de la Armada y de la FACh y el Jefe del Servicio Médico de Carabineros, más el médico legista de Santiago, certifiquen la causa de la muerte del señor Allende, con el objeto de evitar que más adelante se nos pueda imputar por los políticos a las Fuerzas Armadas el haber sido los que provocaron su fallecimiento.
Cuando llegó el médico, sonrió a la enferma y le dijo que aquello, gracias a Dios, no merecía la pena, pero después, cuando estuvo a solas con la señora Micaela, su cara sufrió grave metamorfosis y, triste y meditabundo, dijo a la vieja: -Esto no me gusta; esa estúpida de Márgara ha cometido una imprudencia imperdonable.
Entretanto, la elegíaca gallega decía lastimosarnente: -¡Pues más lástima le daría al señor si supiese que la señorita fue en persona a llamar al médico para que curase esos dos balazos; y que, cuando la pobre iba por mitad del arroyo, tiráronle un tiro...
En aquel mismo punto, una vieja de cara bestial, de recias formas, de saliente mandíbula y juanetudos pómulos, llegó cargada con un haz de tojo que porteaba en la horquilla, y que depositó sobre el montículo de estiércol, adorno del corral. -Fíjese usted bien -advirtió el médico- en esta pareja.
Así que se marchó el médico, y después de largo debate, se tomó el acuerdo de poner la cama de la viuda en el gabinete, que, como ya hemos dicho, estaba situado en un extremo de la sala, frente a frente de la alcoba ocupada por don Jorge.
El médico la encontró muy aliviada a la mañana siguiente; y, como pasó también el día cada vez más tranquila, la segunda noche se retiró Angustias a su cuarto después de las dos, cediendo a las tiernas súplicas de su madre y a las imperiosas órdenes del Capitán, y Rosa, se quedó de enfermera...
«Me parece que los hombres han ignorado por completo hasta ahora el poder del Amor, porque si lo conocieran le habrían erigido templos y altares magníficos y le ofrendarían suntuosos sacrificios, lo que no es práctica, aunque nada como esto sería tan conveniente, porque de todos los dioses es el que reparte más beneficios a los hombres, es su protector y el médico que los cura de los males que impiden al género humano llegar al colmo de la felicidad.
-Me muero, Capitán... Lo conozco..., inútil fuera llamar al médico... Llamaremos al confesor..., ¡eso sí!..., aunque se asuste mi pobre hija...
-Te saludo igualmente, replicó Eryximacos, pero ¿qué haremos? -Lo que prescribas, porque es preciso obedecerte: «Un médico vale él solo por muchos otros hombres».
La culpa de semejante caso teníala el capellán, su ocurrencia de largarse a Compostela a consultar con el sapientísimo médico Varela de Montes...
¡En cambio, fuera la mayor de las infamias que dejásemos morir a este desgraciado, por ahorrarnos una pequeña molestia! -Yo iré a llamar al médico -dijo la madre, acabando de vendar a su modo la pierna rota del capitán.
¿Usted cree que las almas están sujetas a leyes fisiológicas? -me preguntó el médico rancio y anticuado, de quien se burlaban sus jóvenes colegas-.