mañana


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  • sustantivo
  • locución

Sinónimos para mañana

futuro

Sinónimos

de mañana

Sinónimos

tomar la mañana

Sinónimos

Antónimos

Sinónimos para mañana

porvenir

Sinónimos

Ejemplos ?
- Escuche su merced. Ayer mañana hizo ocho días que caímos mi borrico y yo en poder de unos ladrones. Me maniataron muy bien, y me llevaron por unos barrancos endemoniados hasta dar con una plazoleta donde acampaban los bandidos.
--Bien; nos damos un abrazo, y nos batimos en seguida. --¡Yo moriré mañana regularmente, pues pienso atropellar por todo hasta que mate al Teniente Coronel!
Me puse a cavilar. Este hombre (pensé) me va a perdonar la vida; mañana llego a Granada y doy el cante; pasado mañana lo cogen...
Convencida de que no existía cura ni trajinero que se atreviese a salir solo de Cebre a tales horas, había licenciado hasta la mañana siguiente a su gavilla y se retiraba; al ver un barbilindo de curita que se aventuraba en el camino, había querido jugarle una pasada; pero el ruido del gatillo la hacía temblar y le aconsejaba como único recurso la fuga.
Era de notar, sin embargo, que cuando alguna mañana tardaba Angustias en entrar a darle los buenos días, el pícaro don Jorge preguntaba cien veces, en su estilo de hombre tremendo: -¿Y ésa?
La madre y la hija se guiñaron, y la primera respondió apaciblemente: -Voy a dar a usted ejemplo de obediencia y de juicio. Buenas noches, señor Capitán; hasta mañana.
Así las cosas, una mañana, sobre si debían abrirse o no los cristales de la reja de la alcoba, por hacer un magnífico día de primavera, mediaron entre don Jorge y su hermosa enemiga palabras tan graves como las siguientes: EL CAPITÁN.-¡Me vuelve loco el que no me lleve usted nunca la contraria, ni se incomode al oírme decir disparates!
La joven tomó asiento muy cerca de él; reflexionó unos instantes; o bien reunió fuerzas para la ya presentida borrasca, y expuso al fin con imponderable dulzura: -Señor de Córdoba: la mañana en que murió mi bendita madre, y cuando, cediendo a ruegos de usted, me retiraba de mi aposento, después de haberla amortajado, por haberse empeñado usted en quedarse solo a velarla, con una piedad y una veneración que no olvidaré jamás...
Pero ved lo que todavía hizo y soportó este hombre animoso durante esta misma expedición: el rasgo es digno de ser referido. Una mañana se le vio de pie entregado a una profunda meditación.
Quince días después de la escena que acabamos de referir, y a eso de las nueve de la mañana, muchísima gente ociosa presenciaba, en la calle de San Juan de Dios y parte de la de San Felipe de aquella misma capital, la reunión de dos compañías de migueletes que debían salir a las nueve y media en busca de Parrón, cuyo paradero, así como sus señas personales y las de todos sus compañeros de fechorías, había al fin averiguado el Conde del Montijo.
¡Eso no puede ser!... Yo mismo he visto a López esta mañana, como te veo a ti... El llamado Manuel contestó fríamente: - Pues hace media hora que lo ha matado Parrón.
Con firme determinación cerró los puños y apretó los dientes. ¡Amanece, día de mañana! Entre tanto, Isabel, la esposa de Revenga, acababa de adornarse en su tocador.