maño

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Sinónimos para maño

aragonés

Sinónimos

Sinónimos para maño

Ejemplos ?
Sin ser del pago, no sólo ya conocía del campo cada mata de pasto y cada charco de agua, sino el nombre, apellido y filiación de cuanto bicho dañino había en la vecindad, sus mañas, sus costumbres, el número y el pelo de sus caballos; y, cosa rara, cada vez que alguno había querido pegar malón, había topado, en el momento de desatar el alambrado, o de hacerlo franquear por el caballo, con perros de la estancia, que, amenazándole de cerca las pantorrillas y esquivando los tajos, le habían ladrado hasta que, de entre la obscuridad de la noche, los llamase una voz tranquila, algo irónica, con un despreciativo: «¡Dejalo, hijo!» Pronto la conocieron todos, esta voz, por ser la de Ciriaco, aunque nunca se dejase ver, y empezó a criar fama de brujo.
Después, de repente, le entraba, por unos cuantos días, una mansedumbre tal que dejaba de castigar las peores faltas, de modo que el animal creía haber cambiado de amo, y aprovechaba la oportunidad para conservar las mañas que le habían hecho adquirir los rebencazos, y criar con esmero las que no le habían atajado.
Conoce íntimamente á todos los bacilos, sabe al dedillo sus mañas y picardías, y los trata tú por tú, con menos respeto que al arzobispo, por aquello de ::A Dios se le habla de tú, ::de tú á la Virgen María, ::y al obispo se le dice :.su señoría ilustrísima.
So pretexto de buscar un cerdo que dizque se le había remontado, fuése a las lavadoras de oro, y con la labia y el disimulo del mundo, les sonsacó todas las mañas y particularidades del oficio.
Juntando sus instintos y sus aptitudes, habían conseguido conocer las costumbres, mañas y modos de vivir de cuanto bicho existe en la Pampa, de tal modo que aquel al cual habían echado los puntos, difícilmente les escapaba.
Hay que ser un poco miedoso para amansar lindo, porque el que tiene recelo a los animales, en vez de irles en contra, les busca la vuelta. Tiene que andar con paciencia, para evitar los golpes; y el potro, tratado con suavidad, no cría mañas.
Luego, la Alameda, ya no niña, ni joven, sino, como si dijéramos, jamona, siguió ejercitando sus malas mañas; y ya, a lo que es de colegir, sin dársele de ello a los tutores un ardite, o bien porque estaba emancipada, como mayor de edad, o porque, cuando un mal no tiene remedio, fuerza es el resignarse.
A más, ¿usted pretende Que mudemos de vida? Quien malas mañas ha... ya usted me entiende.» «Sin embargo, hermanito, crea, crea...
Nuestro héroe arrepentido, cansado de aguantarla, a Brama suplicó ya más rendido segunda vez quisiera transformarla. Brama le contentó, y así le dijo: Sábete, amado hijo, que es difícil perder las malas mañas.
Mientes, Fernando, en lo que dijiste, Pues por el Campeador valiste mucho más, Tus mañas yo te las sabré contar, Pediste las heridas primeras al Campeador leal, Viste a un moro, fuiste a atacar, huíste de él al llegar, Si yo no fuera, el moro te llegaba a tocar, Fui por ti, contra el moro he de pelear, Te di su caballo, en secreto lo he de guardar, Hasta hoy, no lo revelé a nadie.
Creer le hizo, no ya el ser pariente, mas que hereden de un padre carne y hueso; que son sus mañas tan diestras y cucas que más falsos parecen Juan y Lucas.
Él sabía las mañas del burriciego y del corniveleto, y su lenguaje familiar no abundaba en citas teológicas, sino en tecnicismos tauromáquicos.