macilento

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Sinónimos para macilento

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para macilento

Ejemplos ?
y los troncos humanos se revuelcan, amagan, e impotentes de herir, siquiera insultan, mientras los restos de vital aliento entre sus labios macilentos vagan.
Una serie de cabecitas mal peinadas, de pelo bravío, corto y revuelto; de semblantes colorados y cachetudos, o macilentos, señalados por el linfatismo con el estigma que anuncia tan graves desórdenes fisiológicos para el porvenir; un calabazal gracioso a veces -¡la niñez es tan fácilmente graciosa!-, pero, en conjunto, entristecedor, como lo son las muchedumbres infantiles de asilos y hospicios, como suele ser la prole numerosa de los necesitados...
Y estos salvajes montes corpulentos, fieles amigos de la infancia mía, que con la voz de los airados vientos me hablaban de virtud y de energía, hoy con duros semblantes macilentos contemplan mi abandono y cobardía, y gimen de dolor, y cuando braman, ingrato y débil y traidor me llaman.
Y Cornudet, inmóvil, tan pronto fijaba los ojos en las llamas del hogar como en la espuma del jarro; depuse de cada sorbo acariciaba satisfecho con su mano flaca su cabellera sucia, cruzando vellones de humo blanco en las marañas de sus bigotes macilentos.
En estos días, en las miserables chozas diseminadas en la maraña de la selva, en huecos abiertos a filo de hacha, mujeres y niños de rostros macilentos y cuerpos semidesnudos espían con ojos tímidos a través de los claros del boscaje, la silueta del capataz, amo y señor, para ellos todopoderoso, de cuanto existe en la montaña.
Con la escoba al hombro y arrastrando los cubos de agua, pasaban macilentos y humildes ante los penados, pensando en cuándo llegarían a ser «de causa» y tendrían el honor de sentarse en el banquillo de la Audiencia por «algo gordo», librándose con esto de doblar todo el día el espinazo sobre los rojos baldosines e ir pieza tras pieza lavando el hediondo piso sin quitar la vista del cabo y del cimbreante vergajo, pronto a arrollarse al cuerpo como angulosa serpiente.
Era un hombre basto, de rostro grueso y sin ojos, cuya pesada panza se desplomaba sobre sus muslos, cuya piel estaba toda dorada e ilustrada, como por un tatuaje, con multitud de figurillas movedizas, que representaban las formas múltiples de la miseria universal Había hombrecillos macilentos que se colgaban voluntariamente de un clavo; había gnomos chicos y deformes, flacos, que pedían limosna más con los ojos suplicantes que con las manos trémulas, y también madres viejas con abortos agarrados a las tetas extenuadas, y otros muchos más había.
El hombre jamás pierde sus derechos; cobrar la libertad es siempre justo; rompamos nuestros grillos; que deshechos al suelo caigan, y que pongan susto, cayendo, a los tiranos macilentos que nos oprimen con su cetro injusto.
Extrañando que no hubiese aparecido en el cielo ningún cometa precursor de la muerte del rey, dice el vate: «Basilisco boreal, peste crinita que inficionas voraz regios alientos, y en ígneos caracteres macilentos traes la sentencia de su muerte escrita.