madrileño

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  • adjetivo

Sinónimos para madrileño

matritense

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Dicho abono está formado por un título concertado con las líneas de autobús y tren que enlazan con la capital madrileña, más el título C2 que permite la movilidad por toda la red de transportes de toda la Comunidad de Madrid.;Ferrocarril La ciudad de Ávila cuenta con una estación de tren perteneciente a la red de Adif.
Fundador de ese género singular de metriftcación truanes- ca, fué un poeta calavera, que tuvo trágico fin. He aquí su historia, que extractamos de un antiguo periódico madrileña.
La ciencia en tales casos dimite... Fue la vieja castañera la que, con su habla madrileña y semichulesca, argumentó: -¡Vaya, mujer!
-¡Lástima grande...! No puede usted figurarse cuán grande lástima. Era lo que quedaba de alegría madrileña... No lo olvide usted nunca...
Huyendo de sirenas, felicitaciones y voces falsas, no he aceptado ningún homenaje con motivo del estreno de Yerma; pero he tenido la mayor alegría de mi corta vida de autor al enterarme de que la familia teatral madrileña pedía a la gran Margarita Xirgu, actriz de inmaculada historia artística, lumbrera del teatro español y admirable creadora del papel, con la compañía que tan brillantemente la secunda, una representación especial para verla.
Don Gregorio de Hoyos, natural de la Habana, marqués de Valdehoyos y brigadier de los reales ejércitos, fué enviado á Lima desde la madrileña Corte, allá por los años de 1812, con recomendación al virrey Abascal para que utilizase sus servicios.
Si todos los calaverillas madrileños hubieran presenciado esta escena, es más que probable que el mayorazgo no hubiera tenido que sentir más en igual género; pero como no todos los susodichos traviesos estaban allí cuando la primera bofetada, tuvo que pegar la segunda un poco más abajo, y la tercera más adelante, hasta que juzgó prudente ir a vestirse con su traje provincial, renegando de la independencia madrileña y de la educación y tolerancia de las «personas decentes».
Mirando y admirando estaba precisamente la madrileña a tan singular personaje, cuando los republicanos hicieron una descarga sobre él, por considerarlo sin duda más terrible que todos los otros, o suponerlo General, Ministro, o cosa así, y el pobre capitán, o lo que fuera, cayó al suelo, como herido de un rayo y con la faz bañada en sangre; en tanto que los revoltosos huían alegremente, muy satisfechos de su hazaña, y que los soldados echaban a correr detrás de ellos, anhelando vengar al infortunado caudillo.
Veinte ojos fisgones, seis de ellos de mujer, ojos de gente madrileña, se habían clavado en el buen clérigo, y parecía que le estaban examinando de la ciencia de andar por un parque de gente rica como se debe.
Ni ¿cómo había de gustarle un hombre soez y mal vestido, con las manos llenas de callos y espinas, quemado del sol, curtido por la lluvia y oliendo a pescado a una vara de distancia, a ella, tan pulcra, tan elegante, tan presumida como una madrileña?
Así, la gente popular madrileña en los días de la gloria de Lope, enamoraba, reñía, trataba de sus asuntos con el concepto agudo y galano del inquieto y genial Fray Félix.
GESTIONES EN FAVOR DE MAURO BAJATIERRA Encontrándose el compañero Mauro Bajatierra en el caso de tener que abandonar esta localidad por pesar sobre él una condena de destierro de catorce años, condena que le fue impuesta por los capitostes de la Compañía Tranviaria Madrileña, y siendo necesaria la actuación de dicho compañero en Madrid, al Congreso propongo: Que se faculte al Comité de la Confederación Nacional para que, de acuerdo con el camarada Mauro Bajatierra, hagan las gestiones oportunas y apelen a los medios que más eficaces crean para dejar sin efecto dicha condena.