madrileño

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  • adjetivo

Sinónimos para madrileño

matritense

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes.
¡Oh, bien hayan tan lejos de los hombres y tan ocultos a los madrileños los países sin pueblos y sin nombres que abriga la feraz Sierra Morena!...
En el fondo era una medianía; su talento, su instinto, que tanto admiraban los madrileños, eran vulgares; el perro Paco tenía la poca dignidad de hacer valer aquellas habilidades que otros canes ocultaban por pudor, por dignidad, por no merecer la aclamación humillante de los hombres, que se asombraban de que un perro tuviera sentido común.
Como vivo y elocuente testimonio de la exactitud de mis ponderaciones, ahí está, entre las dos Alamedas, en frente del antiguo Reganche, y cada día más frondoso, más cultivado, más pulido, más bello, el famoso jardín, o salón de Bailes de Campo, delicia de los madrileños, y asombro de los castellanos de Amusco y Becerril, que nos visitan durante la estación de los baños de mar.
El día era uno de estos de invierno en que Dios suele castigar de sus muchas picardías a los madrileños dándoles el cielo por la tarde para que resalte más el infierno que les da por la noche: la noche anterior había sido infernal, y la inmediata se preparaba a ser lo mismo: pero el intermedio de ambas era lo que se llama un cielo con estrellas y todo.
Si todos los calaverillas madrileños hubieran presenciado esta escena, es más que probable que el mayorazgo no hubiera tenido que sentir más en igual género; pero como no todos los susodichos traviesos estaban allí cuando la primera bofetada, tuvo que pegar la segunda un poco más abajo, y la tercera más adelante, hasta que juzgó prudente ir a vestirse con su traje provincial, renegando de la independencia madrileña y de la educación y tolerancia de las «personas decentes».
El dominico Parra, en su Rosa Laureada, impresa en Madrid en 1760, dice que la primera firma que, como monarca, puso Felipe IV, fue para pedir la beatificación de Rosa; y añade que el 7 de octubre de 1668, día en que celebraron los madrileños las fiestas de beatificación, se vio lucir una estrella vecina al sol.
Las campanas se deshacían repicando a misa mayor, y la concurrencia de forasteros de las tres provincias Vascongadas y Navarra, y aun de veraneadores madrileños, era tal, que Diegochu decía en plena plaza, chupa que chupa su pipa y pensando en el dineral que iban a dejar en Cegama los forasteros -Si de esta hecha la señora villa no planta en medio de la plaza una fuente de las muchas y buenas que hay en sus cercanías, es seguro que algún perro rabioso le ha mordido, porque de otro modo no se explicará la aversión de la señora villa al agua.
-Porque sólo una mínima parte de Madrid simpatizaba con la revolución. La inmensa mayoría de los madrileños la reprobábamos. -Tengo poderosas razones para creer que o usted se equivoca, o la inmensa mayoría de los madrileños disimulaba muy bien esa reprobación.
Días pasados fuí a la Biblioteca Nacional, y queriendo refrescar mi memoria, porque empezaba a dudar de su fidelidad al ver que apenas hay un madrileño para quien no sea ya peor que llamarle perro judío el llamarle revolucionario, me entretuve en hojear los periódicos madrileños del último trimestre de 1868, y apenas encontré uno que no se entusiasmase, más o menos, con el jolgorio revolucionario.
Los aplausos al gran poeta han conmovido la sala; los españoles han tributado el debido homenaje a su primer ingenio; palomas y coronas de laurel fueron arrojadas a la escena, y en medio del alborozo y del entusiasmo, los madrileños, a quienes se recordó que un Rey acababa de mandar erigir en medio de su Corte un monumento al autor del Ingenioso Hidalgo, mezclaron con los aplausos al hombre grandes vivas de gratitud al Rey justo.
Uno de los hitos en la vida de Pablo Iglesias llegará el día 26 de junio 1870, momento en el cual los tipógrafos madrileños le elegirán junto a otros dos compañeros, como delegado al consejo local de la AIT.