maldad

(redireccionado de maldades)
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  • sustantivo

Sinónimos para maldad

Ejemplos ?
9 La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, 10 y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado.
Mucho más admirable és, ciertamente, vivir como si tuvieras encima de ti la vigilancia de algún barón virtuoso y siempre presente, pero yo estaría contento que hicieses todas las obras como si las contemplase cualquiera, pues es la soledad la que nos sugiere todas las maldades.
¿Sabes acaso cuánta bondad tuvo que sacrificar para llegar a ese elevado estado espiritual donde se ubicaba? Lo has hecho regresar nuevamente a la tierra de las maldades en la que has nacido.
Todas las maldades son perfectas cuanto a la culpa, aunque no se consiga el efecto de la obra; pero hay algunas en tal modo unidas, que no puede estar lo uno sin lo otro.
Corrieron dos o tres años, y habiendo vuelto a la Península, me encontré en la estación del ferrocarril con Escalante, el de las maldades amorosas, del brazo de una muchacha denegrida, angulosa, fea.
Yo, a quien ya tenían cansado las maldades de mi amo, por cumplir lo que el señor asistente me mandaba sin discrepar en nada, arremetí con mi propio amo, y sin que pudiese valerse, di con él en el suelo; y si no me le quitaran, yo hiciera a más de a cuatro vengados; quitáronme con mucha pesadumbre de entrambos.
Dejo de traducirle, no porque desestimo su discurso, sino porque la vida que escribo me dicta diferentes causas. La primera fueron las costumbres de Tarquino, llamado por sus maldades el Soberbio.
Y si no ponía remedio al mal ¿con qué cara iría a cobrarles plata a los padres, para que vinieran los hijos no sólo a perder el tiempo, sino a aprender maldades?
Si tomamos el parecer a la naturaleza, a la presunción violenta, al efecto ya coronado, diremos que si leyera el aviso de la conjura y los nombres de los conjurados, suspendiera el camino al Senado, volviera a su palacio cuidadoso, y con secreto compendiosamente resuelto hiciera aprisionar los traidores, comprobara la fealdad del delito, y asegurando en sus maldades el horror de la pena, los hiciera morir por sentencia.
Los que más lo respetaban, por bravo, por justo, por astuto, por elocuente, no lo querían decir, o lo decían donde no los oyeran: porque los hombres suelen admirar al virtuoso mientras no los avergüenza con su virtud o les estorba las ganancias; pero en cuanto se les pone en su camino, bajan los ojos al verlo pasar, o dicen maldades de él, o dejan que otros las digan, o lo saludan a medio sombrero, y le van clavando la puñalada en la sombra.
Tenía su medra en la eminencia de las maldades; no tenía vergüenza sino de que otro fuese peor, y fue tal, que nunca pudo tener vergüenza.
Poco tiempo ha que hablando de Marco Catón te indignaste (porque eres mal sufrido de maldades) de que el siglo en que vivió no le hubiese llegado a conocer, y que habiéndose levantado sobre los Césares y Pompeyos, le hubiesen puesto inferior a los Vatinios.