maldecir


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  • verbo

Sinónimos para maldecir

condenar

denigrar

Sinónimos para maldecir

blasfemar

Ejemplos ?
De aquella mujer mereció nacer el que dijo en plena asamblea: «¿Te atreves a maldecir a mi madre, a la que me dio el ser?» Pero las palabras de la madre me parecen más animosas.
Yo vi, sobre la cima de los Andes, al indio ennegrecido y medio hambriento rodar entre las rocas y la nieve; yo le vi maldecir su nacimiento, cuando, al mando despótico del hombre, doblaba su cerviz ensangrentada, por los golpes y el peso quebrantada.
Si el año de gloria que entre caricias fue huyendo, trocóse en dicha ilusoria para abrasar mi memoria que ha de acordar padeciendo, más me valiera morir, que el rudo penar que siento tener asaz que sufrir, y entre el dolor maldecir la fe de mi pensamiento.» Así entre pena y dolores aquella noche pasaba, y la infeliz lamentaba de la suerte los rigores.
21 Y percibió Jehová olor de suavidad; y dijo Jehová en su corazón: No tornaré más á maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud: ni volveré más á destruir todo viviente, como he hecho.
Ya se entiende que este ermitaño, tan maldiciente, era pagano. A pesar de la natural bondad de su alma, su religión sombría y terrible le obligaba a maldecir y a lanzar anatemas.
Siempre se le ve con un cuaderno de billetes de lotería debajo del brazo, lo que ha dado motivo a los zumbones para fastidiarlo con la infernal muletilla "¿se vende el gallo?" El buen hombre añade a su oficio de suertero, o vendedor de billetes de loteria, el de litigante; pues hace más de quince años que reclama ante los tribunales de Justicia la posesión de una herencia. Manía de litigante es maldecir de los jueces.
Para el corazón de ángel que le quiso con ternura y le colmó de favores; que llevó, sin venderle, sin maldecir de su nombre, la espina envenenada, no tuvo luego el victimario ni el perfume de un recuerdo.
Y tuvo mil ocasiones, mientras duró esa temporada de aburrido veraneo, en medio de zumbantes torbellinos de mosquitos hambrientos, sin más distracción que el desfile por la polvorienta calle Santa Fe, de las carretas de bueyes que llevaban con recelo a la ciudad moribunda verduras para el puchero, o la rápida disparada lejana, asustada y asustadora, de los carros llenos de difuntos, hacia el cementerio nuevo, recién habilitado y repleto ya, de la Chacarita, de maldecir a Musterini, el especulador loco, el «amigo» a quien debiera tantos males.
El pasto puna, que basta para mantener ovejas y vacas criollas, enferma a aquéllas; pero después de maldecir, en más de una ocasión, las mestizaciones, y de insistir, a veces, en que «no hay como los animales criollos», Ortiz tuvo por fin que aplaudir a sus hijos haciendo el oficio de gringos y siguiendo a pie el arado que hace mestizala tierra, y arraiga en ella al hombre.
Parecía que se había vuelto insensible, y cuando le oí llorar, en lugar de ponerme de rodillas, como tenía ganas de hacer para pedirles perdón por el dolor que les había causado y para maldecir a Steerforth, hice más: di a mi corazón oprimido el mismo desahogo, y lloré con ellos.
¿Para qué venimos al mundo, sino para sentir lo pesado de la existencia, para desear la muerte a cada instante, y para maldecir la luz que nos hace ver nuestras necesidades?
Y así cualquiera que imaginare que es feliz por la licencia que tiene de maldecir, será mucho más dichoso si de ningún modo usare de tal permiso pudiendo aún ahora, dejando aparte la vanidad de la arrogancia, como con pretexto de querer saber la verdad, contradecir cuanto quisiere y cuanto fuere posible oír y saber honesta, grave y libremente lo que hace al caso de boca de aquellos con quienes, confiriéndolo en sana paz, lo preguntaren.