maldición

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Sinónimos para maldición

echar maldiciones

Sinónimos

Sinónimos para maldición

imprecación

Sinónimos

Ejemplos ?
La insistencia de Musterini provocó en Leporelli una tempestad de enojo que se resolvió en bulliciosas maldiciones, retumbantes juramentos y sonoros insultos; pero, una vez apaciguado, dio por resultado que se resignase a aceptar.
Y al sonido de aquella voz donde Antonia creía oír vibrar aún las maldiciones y las amenazas de muerte, la pobre mujer, como desencantada, despertó, exhaló un ¡ay!
"Quítate" grito la bruja, moviendo los brazos de lado a lado y lanzando maldiciones a diestra y siniestra, "estoy fastidiada" le dijo: "Si serás tonta.
Sus ropas despedazadas descubrían el pecho, sesgado por honda herida. Cuando la soldadesca tuvo segura su venganza, calmáronse los anatemas y maldiciones.
sus casas están tan cerca que si dejan de reirse oiran sus lastimosas voces, los patéticos llantos de los pequeños que maman pobreza, las roncas maldiciones de hombres embrutecidos en la miseria que se han vuelto medio bestias, el regateo de un ejército de mujeres que se venden por pan.
La figura de Cristo se oculta un instante; densas tinieblas suben de la tierra y caen del firmamento, reuniendo sus crespones. El Pontífice siente miedo: la oscuridad le ciega, y entre aquella oscuridad vibran maldiciones y palpitan sollozos.
Lo condujeron al hospital, y como quedó lisiado, lo separaron de la milicia. Cada vez que nos encontrábamos en la calle, me hartaba de injurias y maldiciones.
¡Lo sabía usted! Y de pronto clavándome los ojos ardientes y fanáticos, hizo la señal de la cruz y estalló en maldiciones. Yo, como si fuere el diablo, salí de la estancia.
A las diez acudió al lugar donde debía encontrarse con el diablo, y éste acudió para atraparla. Pero ella le lanzó a la nariz una cuba de paja y el diablo hubo de escaparse entre maldiciones.
Al subir las escaleras, y cuando se encontraba ya en el vestíbulo, oyó un gran estrépito que parecía venir del estudio de Spalanzani. Pasos, crujidos, golpes contra la puerta, mezclados con maldiciones y juramentos: ?¡Suelta!
(Llevando en una mano un farol del alumbrado público y en la frente un reflejo de sol naciente, apenas visible).- ¡A mí se me echan infinitas maldiciones!
Pero lo cierto es que no parece dable a la humana razón formular unos cargos ni fraguar unas tempestades de maldiciones semejantes a los que don Laureano acaba de sufrir de toda casta de contribuyentes y de todo género de ciudadanos con este motivo.