maldecir

(redireccionado de maldije)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo

Sinónimos para maldecir

condenar

denigrar

Sinónimos para maldecir

blasfemar

Ejemplos ?
En una entrevista, Garabato manifestó que «cuando me sacaron a patadas, luego de haber servido tanto al equipo, me fui a una cantina que llamaban 'El Hoyo', ubicada en la carrera 3.ª con calle 17 y en medio de mujeres de vida alegre, me puse a tomar trago y procedí a coger una botella de aguardiente, la apreté y la llevé en las manos hasta la parte final de la espalda y uno a uno maldije a los jugadores y directivos del América.
Sí, tu cuerpo, escupido, odioso, me ha recibido en mi más pura forma para entregarme a la nitidez del desierto. Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra ti.
¿Qué podía hacer yo? ¡Rabié, maldije, juré! Movía la silla en la que estaba sentado, raspando con ella el entarimado, pero el ruido lo dominaba todo y aumentaba sin cesar.
nadie la vió; sólo los sauces, el laurel y la tierna madreselva testigos fueron de tu acción innoble. Tampoco yo maldije su fiereza.
Te saludo también, amiga luna: siempre tierno te amé, reina del cielo: siempre fuiste mi hechizo, mi consuelo, en la adversa y la próspera fortuna. Tú sabes cuantas veces anhelando gozar tu compañía, maldije el brillo del ardiente día.
¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar.
Castigué mis cabellos, como si ellos tuvieran la culpa de mi yerro; martiricé mi rostro, por parecerme que él había dado toda la ocasión a mi desventura; maldije mi suerte, acusé mi presta determinación, derramé muchas e infinitas lágrimas, vime casi ahogada entre ellas y entre los suspiros que de mi lastimado pecho salían; quejéme en silencio al cielo, discurrí con la imaginación, por ver si descubría algún camino o senda a mi remedio, y la que hallé fue vestirme en hábito de hombre y ausentarme de la casa de mis padres, y irme a buscar a este segundo engañador Eneas, a este cruel y fementido Vireno, a este defraudador de mis buenos pensamientos y legítimas y bien fundadas esperanzas.
Maltraté mi rostro, arranqué mis cabellos, maldije mi suerte; y lo que más sentía era no poder hacer estos sacrificios a todas horas, por la forzosa presencia de mi padre.
Esto me contaron dentro de la galeota de mi amo, donde me habían puesto sin que yo lo sintiese; mas, cuando volví de mi desmayo y me vi solo en la galeota, y que la otra, tomando otra derrota, se apartaba de nosotros, llevándose consigo la mitad de mi alma, o, por mejor decir, toda ella, cubrióseme el corazón de nuevo, y de nuevo maldije mi ventura y llamé a la muerte a voces; y eran tales los sentimientos que hacía, que mi amo, enfadado de oírme, con un grueso palo me amenazó que, si no callaba, me maltrataría.