Ejemplos ?
¡Oh rey!, endulza con al­gunas gotas de miel su avinagrado corazón; que sea en ade­lante clemente con los hombres; más compasivo con los reos que con los acusadores; sensible a las súplicas, y que arran­que las ortigas de su vía, corrigiendo su malhumor.
El 2 de diciembre cayó sobre ellos como un rayo en cielo sereno, y los pueblos, que en épocas de malhumor pusilánime gustaban de dejar que los voceadores más chillones ahoguen su miedo interior, se habrán convencido quizá de que han pasado ya los tiempos en que el graznido de los gansos podía salvar el Capitolio.
Por la cerradura de la puerta alcancé a distinguir que Chale hacía luz, y sentábase con gran desplazamiento de malhumor delante de la lamparita de aceite, cuyo verdor patógeno soldóse en mustio semitono a la lámina facial del chino, soflamada de visible iracundia.
Además, la dificultad de abrirme paso entre la aglomeración de invitados contribuyó en gran medida a aumentar mi malhumor; porque buscaba ansioso (permítanme no decir con qué indigno motivo) a la joven, alegre y hermosa esposa del anciano y tambaleante Di Broglio.
Ramiro, malhumorado antes en los últimos meses de los embarazos de su mujer, malhumor que desasosegaba a Gertrudis, ahora lo estaba más.
A cada momento dejaba escapar del pecho profundos gemidos, como si en un momento de inspiración, no pudiese retener el divino soplo que le dominaba, y hacía como si esto le provocase un violento delirio, como si la presencia de los dioses no tuviese por efecto dar bienestar a los mortales y no comunicarles malhumor o enfermedades.
La pobre pequeña Lucila tenía una vergüenza que sólo podría describirse con las expresiones superlativas que sería necesario emplear para describir la procacidad, la brutalidad y el malhumor de su sexagenario amante.
Después de cometido el ilícito, la víctima presenta características psicológicas somatizadas tales como angustia, irritabilidad, malhumor, insomnio.
Todo el malestar, todo el malhumor de los pequeños burgueses se dirigía también contra estos Talleres Nacionales, que eran el blanco común.
-¿A qué esa tortura en que vives? Porque esa casa, la casa de Helena, es la fuente de tu malhumor, esa casa es la que no te deja vivir en paz, es Helena...
Fue propietario de ejemplares como: Figurín (65-66), Malhumor (66-67) (considerado por el eximio jinete Arturo Morales el mejor que corrió después de Santorin), El Beato (70-72), Biógrafo (73-76 ganador internacional), Palao (74-75), Bólido (82-85).
El citado hijo llamado Louis-Charles-Victoire, nacido en 1754, estudiante como se ha dicho en la escuela de Versalles, recibió una oficina de la guerra, que aprovechó para estudiar derecho y ser abogado del Parlamento, teniendo una muerte prematura por una pequeña viruela a los 30 años, que envenenó el ánimo de Didier-Grégoire, su padre, y junto al malhumor que le produjo las primeras escenas de la Revolución Francesa, le llevaron a la muerte en 1792.