Ejemplos ?
El señor Frasquito penetró en ella con aspecto malhumorado, y arrojando la gorra de hule sobre una silla, sentóse en la banqueta, con la frente fruncida, mientras Ángeles le miraba con interrogadora expresión.
Reconociendo esto, calmé mi indignación tanto como me fue posible, y vagué por las calles, malhumorado, haciendo preguntas inútiles sobre madame Lalande, a los conocidos que encontraba.
«Esta pobre chica», me dije, «¡debe estar tan turbada e incómoda!». Me revolví en la cama malhumorado. Un solterón no pinta nada en una casa donde se consuma una boda.
A esto no pudo sufrir más el malhumorado, que le pareció burla quererle probar que estaba viendo visiones; y enderezando un bastón que traía en la mano, conforme le había de dar una razón, a estilo de Correo, diole un palo, y tras éste otro, y tras éste cuantos pudo; y como se quejase el filósofo con gritos descompasados rogándole no le pegara más, le repetía a cada golpe: -Se equivoca usted, señor filósofo, que yo no le pego; es una ilusión de sus sentidos -y dábale otro y le añadía-: Es mentira; a usted no le duele, sino que se le figura.
Al desembarcar en Cádiz, ya el novio venía malhumorado. Encontraba que la novia, en todo el tiempo que había durado la travesía, por otra parte muy feliz, no pensaba tanto en él como en España, tierra expresamente elegida por la antojadiza criatura para comerse el panalito de miel.
Sonrió Antonio, y como ya sentía hervirle en el corazón lo que tanto le preocupaba, y como no se sentía nunca a gusto hasta confiar cuanto pensaba y sentía a su compañera, -Cállate tú, chiquilla -exclamó con acento malhumorado-, que acaba de decirme una cosa el señor Juan el Pelirrojo que me ha puesto la boca más amarga que la tuera.
¿Se lo pintaré preso, en un calabozo del castillo del Príncipe, servido por su Micaela fiel, y sus hijos, y sus discípulos; o en Santander, donde los españoles lo recibieron con palmas y banquetes?; ¿o en New York, adonde vino escapado de España, para correr la suerte de los cubanos, y celebrar en su verso alado y caluroso al héroe que caía en el campo de pelea y al español bueno que no había querido alzarse contra la tierra que le dio el pan, y a quien dio hijos?; ¿o en Nassau, vestido de blanco como en Cuba, malhumorado y silencioso...
Míster Murdstone, con gesto de impaciencia y malhumorado, continuó, sin hacer caso de lo que le decían: -Las condiciones son que ganarás lo bastante para comer y tener algún dinero en el bolsillo.
Pero el otro no hizo caso, objetando que si así lo hicieran darían sobre el remanso de los sauces. Goyo no insistió por el tono malhumorado de las palabras.
Yo le había instado antes a José para que nos leyera algo relacionado con el nombre de la quinta, con Villa Helena, dijo Rovira malhumorado y como temeroso de no lograr su empeño; ahora tú y Cordovez vienen cada cual con su idea, y va a resultar que José no nos lee nada al fin.
San Pedro brincó del lecho, y asomando la cabeza por el ventanillo, vio que el que llamaba era un viejecito acompañado de un gato. -¡Vaya un madrugador! -murmuró el apóstol un tanto malhumorado.-¿Qué se ofrece? -Entrar, claro está -contestó el de afuera.
Los pisos de cartón y tabiques de papel que fabrica la moderna arquitectura nos permitían a los vecinos oír sus pasos desesperados, las cancioncillas a media voz con que intentaba aplacar a aquel granuja que llevaba en brazos son­riente de día, pero malhumorado de noche, y con el especial gusto de que nadie durmiera en la casa.