maligno

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Sinónimos para maligno

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para maligno

Ejemplos ?
Y, como jurar en falso sobre los Santos Evangelios no tiene perdón de Dios, ni en esta vida ni en la otra, nadie chistaba una palabra por no perder su alma. ¡Por eso andaban esos malignos tan despensionados!
Melancólico el semblante, y los labios entreabiertos, y las siniestras miradas, y el mudo desasosiego, ya en los saraos de la corte, ya en los festines risueños, ya en la caza bulliciosa, ya en solitarios paseos, ya en el salón, ya en la plaza, ya en la justa, ya en el templo, en la mesa, en el despacho, en la vigilia, en el sueño, un alma rota descubren por un fijo pensamiento y un corazón que devora el cáncer de un gran secreto. En vano sondar procuran los malignos palaciegos, con astucia cortesana aquel abismo encubierto.
Esta conducta que es el común asilo de príncipes inertes o malignos, formaría quizá un acopio de fondos capaz de subvenir a las urgencias del día; pero no pudiendo ejecutarse las nuevas imposiciones sino a costa de sacrificios insoportables, sufrirían los contribuyentes males mayores que los que se intentaban evitar, y la bondad de V.
Aquella decantada pestilencia de los cadáveres no cesó tampoco entonces, a pesar de observar fielmente las fiestas prescritas; por cuanto en un pueblo belicoso y acostumbrado de antemano a solos los juegos circenses, no sólo se introdujeron la delicadeza y la lascivia de los juegos escénicos, sino que, observando la perspicaz astucia de los malignos espíritus que aquel contagio...
De la Fortuna femenil Tanto poder atribuyen a esta diosa que llaman Fortuna, que la estatua que la dedicaron las matronas y se llamó Fortuna femenil refieren que habló y dijo, no una vez, sino dos, que legítimamente la habían dedicado las matronas, de lo cual, dado que sea verdad, no hay por qué maravillarnos: porque el engañarnos de este modo no es difícil a los malignos espíritus, cuyas cautelas debieran éstos advertir mucho mejor por este ejemplar, viendo que, habló una diosa que socorre por acaso y no por méritos, supuesto que vino a ser la fortuna parlera y la felicidad muda, ¿y con qué objeto, sino para que los hombres no cuidasen de vivir bien, habiendo ganado para sí la Fortuna que los puede hace?
Aquí realmente nos descubrió toda la traza de los presumidos de sabios, por quienes se gobiernan las ciudades y los pueblos, aunque de estas seducciones y estos maravillosos gustan los malignos demonios pues igualmente están en posesión de los seductores y de los seducidos, y de su posesión y dominio no hay quien los pueda librar, sino, es la gracia de Dios por Jesucristo Señor nuestro.
Porque toda esta doctrina, o es invención de los hombres o de los demonios, y no de los demonios que ellos llaman buenos, sino, por hablar más claro, de los espíritus inmundos o, más ciertamente, malignos, los cuales con admirable odio y envidia ocultamente plantan en los juicios de los impíos unas opiniones erróneas y perniciosas con que el alma más y más se vaya desvaneciendo y no pueda acomodarse ni adaptarse con la inmutable y eterna verdad; y en ocasiones, evidentemente, las infunden en los sentidos y las confirman con los embelecos y engaños que les es posible imaginar.
No quieras andar tras los dioses falsos y engañosos; antes deséchalos y desprécialos, abrazando la verdadera libertad. No son dioses, son espíritus malignos a quienes causa envidia y da pena tu eterna felicidad.
Y no se advierte y considera lo que han prevalecido los malignos espíritus, que con no haber atrevido a ofrecer con estos ritos cosa ninguna grande, con todo, pudieron pedir cosas tan horribles y crueles.
Qué tal sea la religión que enseña que los hombres, para encaminarse a los dioses buenos, deben aprovecharse del patrocinio o intercesión de los demonios CAPITULO XIX. De la impiedad del arte mágica, la cual se funda en el patrocinio de los malignos espíritus CAPITULO XX.
CAPITULO XXXIII Que sólo por medio de la Religión cristiana se pudo descubrir el engaño de los malignos espíritus que gustan del error en los hombres Por esta religión, verdadera y única, se pudo descubrir que los dioses de los gentiles eran sumamente impuros y unos obscenos demonios, que con ocasión de algunas personas difuntas, y so color de las criaturas humanas, procuraron los tuviesen por dioses, gustando con detestable y abominable soberbia de los honores casi divinos, que no eran otra cosa que un complejo de acciones criminales y nefandas, envidiando a los hombres la conversión a su verdadero Dios.
El que no desea tener en la vida futura vida feliz, ni en la presente una verdaderamente piadosa y religiosa, con tales misterios busque la muerte eterna; pero el que no quiere tener comunicación con los malignos demonios, no tema la perniciosa superstición con que son adorados, sino reconozca la verdadera religión con que se descubren y vencen.