malvado


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Sinónimos para malvado

Sinónimos para malvado

malo

Ejemplos ?
¡ja! ¾ Dijo el malvado vampiro, carcajeándose burlonamente. Al oír la palabra Satanás, mi cuerpo se heló como si una gran tina de agua fría me hubiera caído en el cuerpo.
-¡Qué desgraciada soy! -exclamó- ¡eres un malvado por haber deseado que la morcilla se situara en la punta de mi nariz! -Te juro, esposa querida, que no he pensado en que pudiera ocurrir -dijo el marido-.
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado! ¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje, a esta morada espectral?
Y el maestro les contó el episodio de Guillermo Tell, que de un flechazo hubo de derribar una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo; pero antes de disparar la flecha escondió otra en su pecho, destinada a atravesar el corazón del malvado Gessler.
Luego le cortó la cabeza y la enterró, junto con el cuerpo, en la tierra blanda del pie del tilo. -Helo aquí olvidado y ausente -pensó aquel malvado-; no volverá jamás.
Y fue retenida en el país de los Árimos, bajo la tierra, la funesta Equidna ninfa inmortal y exenta de vejez, por todos los siglos. Con ella cuentan que el terrible, violento y malvado Tifón tuvo contacto amoroso, con la joven de vivos ojos.
Cuando el portentoso y mirífico carruaje descendió y se detuvo, el bosque se vio resplandecido por una primorosa multitud de unicornios de colores intermitentes que parecían marcar los tiempos para iniciar un himno sacro que aquellos seres expectantes se disponían a cantar: —La luna ha vuelto brillar y el bosque se ha iluminado; la emperatriz ha llegado ya. ¡Castigo para el malvado!
170 Júpiter todopoderoso, ojalá no, en ese tiempo primero, los gnosios litorales hubiesen tocado las cecropias popas, ni al indómito toro trayendo ominosos tributos, el pérfido navegante en Creta hubiese religado su cuerda, ni el malvado ese, escondiendo en su dulce hermosura sus crueles 175 consejos, en nuestras sedes hubiese descansado, el huésped.
Refiriéndose al Generalísimo, lo menos malo que contra él predicaba era lo siguiente: —Carísimos hermanos: sabed que el nombre de ese picaro insurgente San Martín, es por sí solo una blasfemia; y que está en pecado mortal todo el que lo pronuncie, no siendo para execrarlo. ¿Qué tiene de santo ese hombre malvado?
Llevaba el sombrero puesto, y el elfo estaba sumido en profundas tinieblas, temblando de horror y de indignación por aquel abominable crimen. El malvado llegó a casa al amanecer.
Su insigne cuñado, el Padre Monterroso, refiriéndose en alguna ocasión a sus trabajos y luchas en carta íntima escrita a la entrañable doña Ana que al parecer mostrábase quejosa o desalentada, díjole: “Defiende siempre a tu marido. El que lo acrimine sin conocerlo puede disculparse, pero el que lo conozca y lo acrimine es un malvado”.
Lanzó el alma en su pecho acongojado ronco estertor: y con lamento mixto de miedo e ira blasfemó el malvado: «¡Cuesta un Dios el infierno que conquisto!» El alma impía vomitó rugiendo, la Justicia divina asióle airada, y el dedo en sangre de Jesús tiñendo su sentencia en la frente amoratada le escribió, y desdeñosa sonriendo hundió su espectro en la infernal morada.