manchar

(redireccionado de manchó)
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  • verbo

Sinónimos para manchar

Ejemplos ?
Sin ella quedose Luisito, muy contrariado y más cansado; y como se había atracado de peras y la larga carrera le había descompuesto el estómago, éste no se aquietó hasta que el niño hubo echado cuanto tenía en su cuerpo, con tan poco tino que manchó las sayas de una criada que volvía de la compra; y como fuese poco sufrida, cogió del cesto lo primero que le vino a mano, que era harina que llevaba envuelta en un papel, y tirola a la cabeza de Luisito, cuyos negros cabellos y moreno rostro quedaron como buñuelo cubierto de azúcar.
Tan luego como el preclaro hijo de Licaón vio que Diomedes corría furioso por la llanura y tumultuaba las falanges, tendió el corvo arco y le hirió en el hombro derecho, por el hueco de la coraza, mientras aquél acometía. La cruel saeta atravesó el hombre y la coraza se manchó de sangre.
El héroe cogió ceniza con ambas manos y derramándola sobre su cabeza, afeó el gracioso rostro y manchó la divina túnica; después se tendió en el polvo, ocupando un gran espacio, y con las manos se arrancaba los cabellos.
Pero la diosa, volviéndose, aferró con su robusta mano una gran piedra negra y erizada de puntas que estaba en la llanura y había sido puesta por los antiguos como linde de un campo; e hiriendo con ella al furibundo Ares, dejóle sin vigor los miembros. Vino a tierra el dios y ocupó siete yugadas, el polvo manchó su cabellera y las armas resonaron.
Él había perdonado á Gonzalo y Fernando quando estuvieron prisioneros en su poder; pero este último quando tuvo en su arbitrio la suerte de Almagro, manchó la victoria con la muerte de su rival, que olvidado de lo que debía á su valor, se abatió en vano á la humillación y á los ruegos.
Esta herejía, no sólo manchó parte del Oriente y del Occidente, sino también, con su perfidia, atrapó en sus redes las tierras meridionales y septentrionales e incluso islas.
¡Siete años después del horrendo crimen con que manchó su historia en las calles de Madrid; siete años después, día por día, hora por hora, el 2 de mayo de 1815, perdió su última batalla, la batalla de Tolentino, y a los pocos meses, el que desde hijo de un posadero había llegado hasta rey de Nápoles, murió fusilado en la mayor soledad y abandono, como feroz bandolero cuya cabeza ha sido pregonada.
Sólo se trataba de amores, de galanes, amadas, damas perseguidas que se desmayaban en pabellones solitarios, mensajeros a quienes matan en todos los relevos, caballos reventados en todas las páginas, bosques sombríos, vuelcos de corazón, juramentos, sollozos, lágrimas y besos, barquillas a la luz de la luna, ruiseñores en los bosquecillos, señores bravos como leones, suaves como corderos, virtuosos como no hay, siempre de punta en blanco y que lloran como urnas funerarias. Durante seis meses, a los quince años, Emma se manchó las manos en este polvo de los viejos gabinetes de lectura20.
Febo Apolo le quitó de la cabeza el casco con agujeros a guisa de ojos, que rodó con estrépito hasta los pies de los caballos; y el penacho se manchó de sangre y polvo.
Cayó en tierra desmayada, Retornó al lucir la aurora, Pero vio al feroz Assém Que le dijo: -«Ingrata, toma, »Toma el último regalo »Con el cual mi amor te dota, »No puedes ver un tesoro »Más digno de nuestras bodas.» Y arrojó sobre su falda Una cabeza espantosa...: La cabeza de Taléb Con la cual manchó sus ropas.
Bendije a dios, al sol, la flor, el aire ¡la vida toda porque tu eras vida! Si con angustia yo compre esta dicha, ¡bendito el llanto que manchó mis ojos!
Un instante después me sentí completamente cubierta de un rocío blanco que me manchó por entero y del cual algunas gotas me saltaron a los ojos, porque mi cabecita se encontraba justo a la altura de los botones de su calzón.