manicomio


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  • sustantivo

Sinónimos para manicomio

psiquiátrico

Sinónimos

Ejemplos ?
El cura de Caraz, presbítero don José María Saenz que, corriendo los años, murió en el antiguo manicomio de San Andrés, designó en una ocasión á Mercedes Tamariz para que funcionara como santo varón á quien correspondía desclavar la mano izquierda de Cristo.
Desde el ruido de la tempestad hasta el canto del pájaro, todo se confunde y enlaza en la infinita cadencia. Entre tanto, no diviso sino la muchedumbre que befa, y la celda del manicomio.
on las manos en el bolsillo del pantalón, el cabello fosco, erizada la barba y los ojos brillantes, paseaba Juan por el jardín del manicomio, y en él divertía las horas, sin que un recuerdo del pasado viniese a conmover su memoria, sin que una ráfaga de razón ventilase la desconcertada máquina de su cerebro.
Su primer cuidado, al otro día, avisar al gobernador, al presidente de la Diputación, para que se recogiese al mísero en una buena celda del asilo, mientras no hubiese lugar en el manicomio provincial, siempre atestado, y para el cual era necesario hacer memoriales.
Unos decían que era casado y que su mujer se había vuelto loca y estaba en un manicomio; otros que era soltero, mas que estaba ligado a cierta dama por caso de conciencia y ciertos compromisos legales...
¡demencia! ¡loco de atar! ¡a su casa! ¡al manicomio! ¡muera! ¡abajo! Don Juan Manuel, colorado como un tomate, con la melena blanca revuelta y erizada, pudo a duras penas y merced a un último resto de prestigio, llegar, abriéndose paso hasta la tarima del fondo, encaramarse, tratar de que le escucharan: -¡Compatriotas!
Ahora no hay nada relacionado con su época que sea, a primera vista, más asombroso para un ser humano de los tiempos modernos que el hecho de que los seres humanos involucrados en la misma industria, en vez de confraternizar como camaradas y colaboradores para un fin común, se contemplasen unos a otros como rivales y enemigos a extrangular y abatir. Esto ciertamente parece una pura locura, una escena de manicomio.
Hoy tiene usted que quedarse a tomar una taza de té conmigo. – Aceptaría con sumo gusto, pero no puedo de ninguna manera: desde aquí tengo que acercarme al manicomio.
¡Loco!... ¡El loco, en el cuartucho oscuro del manicomio, oloroso y orines de ratón, envuelto en la camisa de fuerza!... el loco con el cabello cortado al rape, recibiendo en las flacas espaldas huesosas el chorro helado de la ducha, bajo el ojo imperturbable del hombre de ciencia que anota sus gestos violentos y sus entrecortadas blasfemias para convertirlos en una precisa y razonada monografía...
En el sueño tengo que componer con fragmentos de lugares conocidos una sustitución de Roma. Cerca de la Porta romana de Siena vimos un gran edificio muy iluminado, que nos dijeron era el manicomio.
-¿Ve usted -me dijo el director del manicomio, médico joven y de trazas de vividor- el pico más alto, el que llamamos Peña del Centinela?
Arremolináronse todos contra Juan, se armó un escándalo mayúsculo; vino la pareja; llevaron al obrero a la prevención; acudió un médico y declaró que Juan estaba loco de remate; en vista de lo cual, y previos los trámites de ordenanza, metieron al loco en un manicomio y a los hijos del loco en un asilo de Beneficencia.