manjar

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Sinónimos para manjar

Sinónimos para manjar

arequipe

Sinónimos

Ejemplos ?
Sirvieron profusamente los más gustosos manjares, con danzas y con cantares acrecentando el placer: y encomiándole lo mucho que el de don Luis le interesa, los honores de la mesa le iba haciendo el mercader.
Id a gozar la suerte campesina; la regalada paz, que ni rencores al labrador, ni envidias acibaran; la cama que mullida le preparan el contento, el trabajo, el aire puro; y el sabor de los fáciles manjares, que dispendiosa gula no le aceda; y el asilo seguro de sus patrios hogares que a la salud y al regocijo hospeda.
Mi amigo observó con razón que se sigue en todas el método antiguo de construcción: sala, gabinete y alcoba pegada a cualquiera de estas dos piezas; y siempre en la misma cocina, donde se preparan los manjares, colocado inoportuna y puercamente el sitio más deseado de la casa.
A propósito: criticad los manjares, sobre todo aquel engrudo llamado crema, de que no saben salir en todo el año; aquella execrable mostaza hecha a fuerza de vinagre; aquel cocido insípido y asqueroso, y, lo que es peor, aquel sacar los mozos los cubiertos del bolsillo, donde los tienen confundidos con las puntas de los cigarros o donde participan de elementos aún peores.
Las puertas fueron cerradas, de modo que nada de fuera pudiese llegar hasta nosotros, ni nada nuestro salir al exterior. Nos aislaba un abismo, un abismo de todo: de bebidas, de manjares...
Mas he aquí que un día XÓLOTL fue aconsejado por TEZCATLIPOCA de que ya no hiciera tanto caso a QUETZALCOATL; que en vez de venerar las alturas, disfrutara de sus sentidos y entonces se daría cuanta de la verdadera vida. Había que disfrutar golosamente de la comida en lugar de ayunar tanto y abstenerse de gozar de estupendos manjares.
Los autores de la gorda, cebados, olim, en la cazuela nacional que estaba sobre la mesa del Poder, conocían por demás el exquisito punto culinario de los manjares que encerraba.
Creía no tener gana de comer; pero apenas empezaron a venir los manjares, devoré, como el que ha hecho fatigoso ejercicio y viene embriagado de aire libre.
Aunque larga en las viandas, mesa es en palabras corta, cosa en quien negocios tiene de grave interés, muy propia. Crúzanse, pues, las palabras interrumpidas y pocas, en tanto que los manjares el apetito acogotan.
En vano miré la lista por ver si personas que inventaban nombres tan ajustados a las cosas habrían mudado el tecnicismo gastronómico galo-hispano que tenemos, para poner a los manjares nombres españoles sacados de nuestros autores clásicos, del Mariana o del Antillón; pero me encontré todavía con los cornisones, los purés, las chuletas a la papillote, las manos a la vinagret, el salmin de chochas, el hígado salteado, etc., y se me cayó el alma a los pies viendo que era preciso resignarse a seguir comiendo en extranjero.
-Espera -gritó Carmen dirigiéndose a Antonio, que se disponía a cortar el alambre de la botella-. ¡Rosa! -añadió, volviéndose hacia la mozuela que había servido los manjares-. Vete allá dentro a ver si la vieja necesita algo.
Encima de la mesa humeaba el primer plato del festín; una moza desarrapada y flacucha preparaba en la cocina los restantes manjares; varios leños ardían en la chimenea, con gran asombro de los morillos, poco hechos a semejantes abundancias, y una lámpara colgada del techo esparcía sobre el mantel, con el auxilio de una pantalla de cartón, su luz temblorosa y amarillenta.