manojo


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Sinónimos para manojo

a manojos

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para manojo

puñado

Sinónimos

Ejemplos ?
Duermo bajo las miradas de la santa de las guedejas de plata y de la figura que lleva en las manos el manojo de lirios blancos, y pienso a veces que si sobre la oscura tapicería que cubre las paredes hubieran estado siempre los dos lienzos, ni Nelly, ni la de Rivas, ni la Musellaro, ni Olga, habrían entrado ni a mi vida, ni a mi alcoba.
Ambos con la mano derecha sostenían la lámpara y con la izquierda su manojo de pequeños trozos de cordel en cuyas extremidades había atados un botón o una cuenta de vidrio de distintas formas y colores; eran los tantos o señales que los barreteros sujetan dentro de las carretillas de carbón para indicar arriba su procedencia.
Y de pronto, vi que había llegado al mercado de Les Halles. Estaba desierto, no se oía un ruido, ni un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manojo de verduras o flores.
Pero no temas tú naíca, poique lo que yo le diré a ese hombre será: «Miosté, Paco, yo soy un probe que no tiée más fortuna que lo que se gana con el suor de su frente; pero yo, andando por la vía, me he trompezao con un manojo de flores, y en ese manojo de flores he puesto yo toa el alma con tos mis cinco sentíos; y ese manojo de flores es pa mí lo que es pa el pajarico la rama y lo que es el sol pa el que se jiela y lo que la mesma Virgen fue pa el Santo Patriarca.
Con más facilidad topé por qué se decía al lindo ojo del culo "manojo de llaves": por lo redondo del cabo y muchas molduras que hacen aquel mismo repulgo, y viene bien con los que llaman cofre al culo, que es darle cerradura.; y en los animales vemos que la Naturaleza les cubre el culo con la cola o rabo, para que como parte más necesaria y secreta, estuviera acompañado tapado y abrigado, y con mosqueador para de verano, y en las aves lo mismo.
Ella rehúsa la oferta y se dirige al puesto de la verdulera, la cual quiere venderle una extraña verdura atada formando manojo y de color negro.
Ella le encantaba por un sinfín de delicadezas: ya era una nueva manera de recortar arandelas de papel para las velas, un volante que cambiaba a su vestido, o el nombre extraordinario de un plato muy sencillo, y que le había salido mal a la muchacha, pero que Carlos se comía con satisfacción hasta el final. Vio en Rouen a unas señoras que llevaban en sus relojes un manojo de colgantes; ella se compró algunos.
Eran en su mayoría seres repulsivos: frentes angostas con un cerquillo de cabellos rebeldes que sombreaban como manojo de púas las rectas cejas; rostros en los que parecía leerse la fatal herencia de varias generaciones de borrachos y homicidas; carne nacida del libertinaje brutal, que estaba aderezándose para ser pasto del presidio; pero entre ellos había muchachos enclenques e insignificantes, de mirada sin expresión, que parecían esforzarse por seguir a los compañeros en su oscuro descenso; y extremando la ley de castas hasta lo inverosímil, resultaban las víctimas de aquellos mismos que pasaban como esclavos de los presos.
• Vamos abuela, dijo, vengan las llaves de las cómodas y de todos los muebles. La anciana se sonrió con desprecio, y arrancando de su cintura un manojo de llaves, lo arrojó a las plantas de aquel hombre.
Era el techo un pelmazo gris de algo que así pudo ser palmicho como carmaná, todo él constelado de parchones de musgo, de lamas verduscas y de tal cual manojo nuevo, puesto allí por vía de remiendo.
Cerró Fernando como siempre la puerta de la calle con enorme llave, y empuñando el manojo que esta y otras varias formaban, anduvo algunos pasos por la acera, ensimismado, buscando, sin pensar en ello, el llamador de la puerta en la casa del conserje, que estaba a los pocos metros, en el mismo edificio.
La pintura es un perfecto espécimen de los procedimientos de la cofradía prerrafaelista; casi nulo el movimiento de la figura noble, colocada de tres cuartos y mirando de frente; maravillosos por el dibujo y por el color los piececitos desnudos que asoman bajo el oro de la complicada orla bizantina que borda la túnica blanca y las manos afiladas y largas, que desligadas de la muñeca al modo de las figuras del Parmagiano, se juntan para sostener el manojo de lirios, y los brazos envueltos hasta el codo en los albos pliegues del largo manto y desnudos luego.