maría


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Sinónimos para maría

cáñamo índico

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Ejemplos ?
-Entonces nos casamos -dijo él-, ¿te acuerdas? ¿Y de cuándo vino el primer hijo, y después María y Niels, y Pedro, y Juan, y Cristián?
María Vicenta, la costurera, alzó la cabeza, que tenía caída sobre el pecho, y momentáneamente llevó sus hinchados y extraviados ojos hacia la puerta de entrada.
Don Juan José Espinosa de los Monteros, abogado de la Audiencia de México y agente fiscal de lo civil. : Don José María Fagoaga, oidor honorario de la Audiencia de México.
a tarde del 26 de marzo de 1848 hubo tiros y cuchilladas en Madrid entre un puñado de paisanos que, al expirar, lanzaban el hasta entonces extranjero grito de ¡Viva la República!, y el Ejército de la Monarquía española (traído o creado por Ataúlfo, reconstituido por don Pelayo y reformado por Trastamara), de que a la sazón era jefe visible, en nombre de doña Isabel II, el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra, don Ramón María Narváez.
-¿Y qué son cuatro púas, que son las que yo gano; qué son cuatro púas teniendo que darles, manque no sea más que un pistolete por barba a los seis gurripatos y a mi María, y a la madre de mi María, y a mi sobrina Cloto?
Y al decir esto un hondo suspiro brotó en labios del Castizo por cuyos ojos resbaló una ráfaga de melancólica tristeza. -¿Y no te echó nunca ná en cara tu María de los Dolores?
Don Juan María Cervantes y Padilla, coronel retirado, tío del anterior. : Don José Manuel Velázquez de la Cadena, capitán retirado, señor de Villa de Yecla (España) y regidor del Ayuntamiento de México.
Largo es hablar de Alda de Sajonia, o de la insigne condesa de Celano, o de Blanca María de Catalonia, o de la hija del rey siciliano, o de la bella Lipa de Bolonia; tantas, de que, aun haciendo loor liviano, si de una en una en su virtud ahondo, será arrojarse a océano sin fondo.
Penetró éste en el despacho de Su Excelencia, dando dos pasos adelante y uno atrás, que era como andaba en las circunstancias graves, y poniéndose de rodillas exclamó: - ¡Viva María Santísima y viva su merced, que es el amo de toitico el mundo!
Sin falta, saltaba Ermitas Valdelor: -¡Cinco hombres! Y luego, ¿María Lorenza y yo íbamos a quedarnos sentadas o a fecharnos en el desván?
¡Dadme mis veinte duros! ¡Dádmelos, por los dolores de María Santísima! Una carcajada de burla contestó a las quejas del pobre padre.
Incorporóse María Vicenta, andando como una autómata; fue al cajón de su máquina de coser y, de entre carretes revueltos y retales de indiana arrugados, sacó un envoltorio de papel que contenía calderilla.