Ejemplos ?
Ante la falta de carretas, de Caá Pucú partieron a pie, a razón de cuatro leguas por día y alimentadas por naranjas agrias, sirviendo de descubierta al ejército en retirada: "Ya sin calzados, marchábamos de la manera más penosa sobre pedregullo.
Era sobre sus bancos inmóviles que marchábamos sin saberlo desde hace tiempo.:Michel-Georges Bernard, Rachid Khimoune, D'après les plaques, Éditions de l'Orycte, París, febrero de 1989.
Por eso, toda atención con ellos le parecía poca antes de dar vuelta a la llave que los aseguraba. En cambio, se la echaba de autoridad inexorable con nosotros, que marchábamos al calabozo como borregos al corral.
-¡Me acuerdo! -respondió el padre Francisco. -Estábamos en Monzón, y marchábamos al socorro de Perpignan. ¡Hace quince años! Tú y yo, vestidos de hierro y oro, llenos de juventud y energía, soñábamos con la gloria de la Tierra...
Según nos marchábamos a casa, dije: "Después de lo que he visto hoy, junto con lo que me ha dicho usted, y lo que he aprendido bajo la tutela de la señorita Leete en el almacén de muestras, tengo una idea tolerablemente clara de su sistema de distribución, y de cómo son capaces de hacer las entregas con los medios de reparto.
Yo calculo que abriamos entre todos 40 oficiales y tropa y nos asen desfilar para la parte del sur ya sabíamos que era para fusilarnos porque sabíamos desde días antes que no teníamos cuartel. Ya marchábamos por frente del cuartel y llegabamos a los cuartos de los oficiales.
Al llegar a la Portada, el joven, arequipeño se despidió para entrar al Ingenio que se hallaba en una hondonada a la derecha del camino. Los dos mineros de Corocoro, el barítono y yo seguimos nuestro camino, y marchábamos silenciosos.
Esta muralla, semejante a la de una prisión, era el límite de nuestros dominios; lo que había más allá sólo lo veíamos tres veces por semana: una vez los sábados a la tarde cuando, acompañados por dos preceptores, se nos permitía realizar un breve paseo en grupo a través de alguno de los campos vecinos; y dos veces durante el domingo, cuando marchábamos de modo igualmente formal a los servicios matinales y vespertinos de la iglesia del pueblo.
Nos estuvo reservado contemplar la belleza del todo radiante, cuando, mezclados con el coro de los bienaventurados, marchábamos con las demás almas en la comitiva de Júpiter y de los demás dioses, gozando allí del más seductor espectáculo; e iniciados en los misterios, que podemos llamar divinos, los celebrábamos exentos de la imperfección y de los males, que en el porvenir nos esperaban, y éramos admitidos a contemplar estas esencias perfectas, simples, llenas de calma y de beatitud, y las visiones que irradiaban en el seno de la más pura luz; y, puros nosotros, nos veíamos libres de esta tumba que llamamos nuestro cuerpo, y que arrastramos con nosotros, como la ostra sufre la prisión que la envuelve.
Cada uno de los Peggotty cargó con una de las maletas, y ya nos marchábamos cuando Barkis me hizo un signo misterioso con su mano para que me acercase.