mareo


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Sinónimos para mareo

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Y Emma parecía que se despertaba de un sueño. Como se pasaba la mano por la frente, creí que le daba un mareo. Luego cambiando de tema: Pero ¿me preguntaba usted algo?
Y al terminar estas palabras Rodolfo añadió la pantomima a su frase. Pasó la mano por la cara como un hombre a quien le da un mareo; después la dejó caer sobre la de Emma.
Se apoyó en un poste, creía que iba a vomitar. Haffner, detenido ante él, le preguntó condescendiente: –¿Se le pasa el mareo? –Sí...
Cuando a Colón me nombran, su imagen en mi mente surgir hace de ideas informes un tropel, y de una pesadilla me causan el mareo como el que en mar picada, de un buque da el vaivén.
Unas se deslizan, saltan otras, giran éstas, se balancean aquéllas, sudando aceites negros, chirriando, trepidando, fatigando la vista del esclavo de carne y hueso que tiene que seguir atento sus movimientos, sobreponiéndose al mareo que ellos provocan, para no dejarse coger un dedo por uno de esos diablillos de acero, para no perder la mano, el brazo, la vida … - ¡Máquina infernal!
Al pasar cerca de las puertas, los bajos del vestido de Emma se pegaban al pantalón del vizconde; sus piernas se entrecruzaban; él inclinaba su mirada hacia ella, ella levantaba la suya hacia él; una especie de mareo se apoderó de ella, se quedó parada.
Los árboles y el suelo tomaban posturas por demás oblicuas, y su cabeza acompañaba el vaivén del paisaje. —Qué curioso mareo... —pensó el contador.
¿Do va con tal prisa sin ver dónde pisa de incógnita gente tan raudo alubión? ¡Qué son!, ¡qué mareo! aturde el sentido, el paso y el ruido que lleva insolente cruzando el salón.
Náuseas, la sensación del mareo de mar, aunque Elvira no hubiese pisado nunca una playa, sujeta a la vida estrecha de Madrid por lo exiguo de sus medios...
Me sentí palidecer de vergüenza y de celos retrospectivos; noté en el corazón angustia y en el estómago mareo..., pero me rehice me encuaderné y, serio y enérgico, respondí: -¡Bah!
Al principio sintió como un mareo; veía los árboles, los caminos, las cunetas, a Rodolfo, y se sentía todavía estrechada entre sus brazos, mientras que se estremecía el follaje y silbaban los juncos.
Aprovechó el caballero este momento de mareo y asombro, y saliendo instantáneamente de su escondite, con su fiel perro y su buena lanza, le quitó la vida, y le hubiese quitado ciento que hubiera tenido.