mariposa

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Sinónimos para mariposa

lepidóptero

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para mariposa

palomilla

Ejemplos ?
Pero mientras tanto había que cantar y danzar en el CUICALLI, y llevar la voz para decir: "Un cerco de flores formo, yo, el poeta, en el recinto del musgo acuático, en la casa de las mariposas.
Sólo retumba allí y percute la energía, TEOTL, IPALNEMOHUANI, aquello por lo cual vivimos. Múltiples son mis rojas mariposas; en medio de mariposas estoy y hablo.
pero entonces el sabio y grande AXAYACATL oyó a las mujeres que le suplicaban su perdón. Y el noble AXAYACATL hizo girar sus flores de amistad, sus mariposas y con esto causó la alegría.
- Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos lirios y venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan unidas las mariposas.
¡Son los hombres ahora como ciertas damiselas, que se prendan de las virtudes cuando las ven encomiadas por los demás, o sublimadas en sonante prosa o en alados versos, mas luego que se han abrazado a la virtud, que tiene forma de cruz, la echan de sí con espanto, como si fuera mortaja roedora que les comiera las rosas de las mejillas, y el gozo de los besos, y ese collar de mariposas de colores que gustan de ceñirse al cuello las mujeres!
-dijo el escarabajo-. Somos nosotros los que volamos como mariposas. Fíjate, vengo de la cuadra del Emperador, y a nadie de los que viven allí, ni siquiera al caballo de Su Majestad, a pesar de lo orondo que está con las herraduras de oro que a mí me negaron, se le ocurre hacerse estas ilusiones.
Y en esta penumbra verde, moteada de inquietos puntos de sol; en este ambiente rumoroso, donde aletean tenues mariposas, zumban pesados insectos de metálico coselete y alas estridentes, y vuela el regio faisán, aristócrata del aire, extienden las rosas su erupción primaveral: unas, encendidas, de color de aurora; otras, pálidas y sedosas, con el tinte suave de la carne femenil oculta bajo el misterio de las ropas.
De cuando en cuando, en horas de ocio o de extrema congoja, veíamos con superlativa sorpresa que de lo más hondo de nuestra persona salía nuestro verdadero yo, y que este yo era un niño, un niño incorregible, un pequeño cazador de mariposas, voluntarioso e indomesticable, que siempre esperaba lo absurdo.
Salimos con el sol hacia la ciudad de Stanley. Torbellinos de mariposas multicolores se desparramaban por el camino. Aunque el camión se deslizaba rápidamente, nos sabíamos vigilados por todos los ojos del bosque.
Un día después de escucharse un gran ruido, apareció un venado de dos cabezas y les dijo a sus chichimecas que debían homenajearlo y darle de comer conejos, culebras y mariposas.
En la distancia lo había confundido con un esplendoroso cometa, pero al verlo tan cercano vislumbré algo hermosísimo: Mariposas de alas color magenta iban formando una gran alfombra brillantísima, que daban paso a un fastuoso carruaje de platino, adornado con enormes diamantes y pequeños rubíes, conducido por seis blancos Pegasos; cada uno cubierto en el lomo por un pequeño manto de terciopelo guinda resplandeciente, con pequeños hilos de plata en sus orillas y sujetado al carruaje por correas tapizadas de deslumbrantes piedrecillas de color verde amarillento.
Fue un error de Nahum contarle a un estólido ciudadano la conducta que observaban las mariposas - también de gran tamaño- en relación con aquellas saxífragas.