mariscal


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  • sustantivo

Sinónimos para mariscal

veterinario

Ejemplos ?
Francisco de Paula Sanz, gobernador intendente de esta imperial villa, D. Vicente Nieto, mariscal de campo y presidente de Chárcas, y D.
Acostumbraba doña Ana, que era muy gentil hembra de treinta navidades bien disimuladas, ir á misa en compañía de la mujer del mariscal Alonso de Alvarado, y su criada se en- cargaba, de tender las alfombrillas sobre la losa que cubría una sepultura.
Por el contrario, cuando resultaba el mariscal favorecido, lo que era frecuente, con un centenar de fichas, decía al com- pañero, pasándole la mitad de ellas: — ¡Ehl mi amigo...
El mariscal don Alonso de Alva- rado, pacificador de esos pueblos, á quien se unió Aguirre, tomó á empyeño ahorcar al traidor; pero como los picaros hallan siempre valedores, el mariscal tuvo que guardarse en el pecho la intención.
Baste decir, en compendio, que el cadalso fué permanente y las atrocidades sin número. Revolucionado Girón, en 1553, escribió á Robles solicitan- do su apoyo; mas don Martín se puso á órdenes del mariscal Alvarado.
En presençia de my gonçalo diaz scriuano de su magestad e scriuano publico y del conçejo desta dicha cibdad el dicho señor mariscal dixo que por quanto el en nonbre de su magestad e del dicho señor gouernador en su rreal nonbre A conquystado e pacificado esta probinçia de Quyto e otras a ella comarcanas e a plazido a nuestro señor que los mas señores e prençipales e yndios dellas están paçifficos e debaxo del yugo e obediençia de su magestad y para que mas verdaderamente vengan a las pazes y se conbiertan a nuestra santa ffe catolyca con la conversaçion e buen enjenplo e dotrina de los españoles basallos de su magestad que en estas partes poblaren.
Y así que se aconsejase a los Excelentísimos brazos la pronta sumisión, pidiendo por este efecto desde luego los pasaportes que tiene ofrecidos el para ir a encontrar al general Grimaldi, que assegura el mariscal ha prometido dar pasaportes para pasar a someterse al, general de los Enemigos, y estar a lo que dispondrá por no aumentar más dolorosas consecuencias en la tardanza; pudiendo prometerse que la pronta resignación puede ser medio para mejorar las condiciones de la deplorable desgracia que nos amenaza.
El presidente de la república gran mariscal don Ramón Castilla veraneaba aquel año en el Callao, y fué uno de los muchos cmiosos que acudieron esa tarde á la punta del mue- lle.
Hombre vulgarísimo, pero muy valiente, tenía á veces arranques hidalgos; y cuando, en la en- trevista de Mala se propusieron los pizarristas apoderarse por traición de la i ersona de Almagro el Viejo, Alonso de Mesa fué de los pocos que protestaron indignados contra esa felonía, y cuéntase que al pasar junto al Mariscal, lo hizo cantando esta popular copla del romancero español: Tiempo es el caballero, tiempo es de huir de aquí, que me crece la barriga y se me acorta el vestir.
Puesto en capilla el Mariscal Almagro, Toro, que era su enemigo personal, se constituyó de guardia en el calabozo, y el desgraciado anciano se desahogó diciéndole: —Por fin vas a beber mi sangre hasta hartarte.
E luego el dicho señor mariscal en el dicho nonbre de su magestad y del dicho señor gobernador aviendo fecho la dicha ffundaçion segund e de la manera que dicha es dixo que por que la dicha villa sea vien rregida y la justiçia de su magestad admynystrada en ella como conviene a su rreal serviçio que el en nonbre de su magestad e del dicho señor gobernador en su rreal nonbre nonbraba e nonbro por alcaldes hordinarios de su magestad al capitán juan de anpudia e diego de tapia e por rregidores a pedro de puelles e juan de padilla e rrodrig nuñez e pedro dañasco e alonso hernandez e diego maryn de btrera e juan despinoza e melchyor de baldes.
Cuando en 1865 las turbulencias políticas del Perú llevaron á Europa, en condición de proscrito, al gran mariscal Casti- lla, ya no existía don Leandro; pero en Pau (Francia) tuvo el placer de recibir la visita de doña Dolores, la viuda del bri- gadier carlista.