martillar


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  • verbo

Sinónimos para martillar

amartillar

Ejemplos ?
I. SAKATSUCHI (martillar de arriba a abajo). derribo por el lateral de nuestro cuerpo donde abrazando al oponente invertimos su posición, elevando sus pies y bajando su cabeza le lanzamos.
El paciente tiene como antecedente las maniobras de empuñadura repetitivas, presenta dolor y/o inflamación en el lado radial de la base del pulgar, intenso dolor cuando se pide al paciente que realice desviación cubital de la mano (martillar), conocida como maniobra de Finkelstein.
Una entidad es lo que es (es decir: lo que está siendo) pragmáticamente; de esta forma, se nos «muestra» en un contexto de encaje práctico (Heidegger denomina a tal contexto «mundo»), no debido a que posea ciertas propiedades inherentes a la cosa en sí, sino por la intencionalidad que posee. Un martillo es un martillo no por la posesión de atributos de martillo, sino por ser usado para martillar.
Y para divertirse a costa de los pericos más nuevos, los ponían a martillar un tacón de hule y se pasaban todo el día "maje que maje", y nada que estiraba.
Pero a los nuevos en el oficio les jugaban la broma de ponerlos a martillar un tacón de hule, y el ingenuo se pasaba todo el día “maje que te maje”, y nada que estiraba.
Tras los inesperadamente ferozes combates en 'Fly Half', el mayor Argue tiro hacia atrás los Pelotones Números 4, 5 y 6, y el Regimiento de Artillería Real 29 empezó a martillar la montaña desde Monte Kent, después de la cual se lleva a cabo un ataque por el flanco izquierdo.
Aunque los errores al martillar o los defectos en el material utilizado podría causar problemas, el fabricante de herramientas especializada podría superarlos.
Al martillar o batir las piezas, estas cambian de dureza y ductilidad debido a las transformaciones sufridas en su microestructura, por lo que se hace necesario el recocido uno o varias veces para evitar que se quiebre la lámina.; Cortado y acabado: El cortado se realiza a través del simple doblado, marcando la línea de corte con una incisión.
Y tanto hubo de martillar el Borricote, que al fin decidióse aquélla a darle gusto, y todavía no había acabado Antoñuelo de ver a Rosarito vestida de largo, cuando sintiendo más hondo que ningún día el espolazo del deseo, fuese a su casa y penetró en la carnicería, donde su ilustre progenitor, repatingado en su gran sillón de aneas, desabrochado el pantalón, del que pugnaba por salírsele el crecidísimo abdomen; desabrochado el cuello de la camisa, que dejaba ver la garganta corta y apoplética, y oseandose a manotadas las moscas que interrumpían su sueño al posarse en su cabeza monda y lironda, vengábase del madrugón de todos los días dormitando en el a la sazón solitario establecimiento.
-exclamó otro. Samuel oyó martillar una pistola, pero no esperó a ver lo que ocurría después. Echó a correr a través de las rocas y los arbustos, rodó como una pelota, y saltó por encima de otros obstáculos como un gato montés.
Si hay viento el martillar de las olas dinámicas imprime en los peñones su rudo señorío, con la pujanza altiva de un cíclope bravío.
Y con todo esto no dejaba de siempre martillar en una misma llaga llena de sangre, y echábame tan gran carga de leña a cuestas, que quienquiera que la viera dijera bastaba más para un elefante que para un asno.
-Yo, yo que soy el más viejo de vosotros, puesto que apenas sirvo ya para martillar las facetas de los diamantes; yo he visto formarse estos hondos alcázares, que he cincelado los huesos de la tierra, que he amasado el oro, que he dado un día un puñetazo a un muro de piedra, y caí a un lago donde violé a una ninfa; yo, el viejo, os referiré de cómo se hizo el rubí.
Y dormido seguía, agitado aún en sueños por el tremendo martillar de sus pesadumbres y su abandono, cuando abrióse silenciosamente la puerta de la sala, por cuyo balcón penetraba la luz de plata de la luna invadiéndolo todo con sus celestes claridades, y entró en ella Rosario.
Las tres muchachas, que parecían trabajadoras y alegres, levantaron la cabeza para mirarme y después siguieron su trabajo: cosían, cosían, cosían; al mismo tiempo, de un taller que había al otro lado del patio llegaba un martillar monótono: rat-tat-tat, rat-tat-tat, rat-tat-tat.
cababa Rosarito -cuando la sacamos a relucir- de cumplir los diecisiete años y de recatar del todo, a la vista de los muchos golosos y mirones del barrio, la torneada pantorrilla, gracias a Antoñico el Borricote, que no había dejado de martillar un solo día cerca de su futura madre política, diciéndole con abrumadora insistencia: -¡Eso no puée ser, señá Frasca!
-¿Quiere usted que le ayude? gritó Nanón al oírle martillar en la escalera. -No, no, no me haces falta, respondió el antiguo tonelero.