matador

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Sinónimos para matador

espada

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Bibulo, varón más honrado que animoso, vio muertos a la vez sus dos hijos después de haber servido de pasto a la brutalidad de los soldados egipcios, para que no tuviese que llorar menos por aquella pérdida que por los matadores.
Si se viola esa ley que descansa en ti, si no se castiga á los matadores de sus huéspedes, que desprecian las cosas sagradas de los Dioses, es porque ya no hay justicia entre los hombres.
Texto Arrastrados del miedo, con gran escándalo ensangrentados, y los puñales desnudos, huyeron todos, y de su entierro, Antonio pedía que se leyese en Marco Antonio, temeroso y mudándose el vestido, se escondió. En llegando al Capitolio los matadores, llamaron el pueblo a la libertad.
Juntos estaban en la montaña con sus esposas, sus hijos, cuando llegaron todos los guerreros, los matadores; no solamente diez y seis mil.
Yo desprecio sus furores; y aquí solo, sin señores, de pesadumbres ajeno, oigo el huracán sereno y canto al crujir del trueno mis amores.» «El albor de la mañana, en sus matices de rosa, me trae la imagen graciosa de mi maja sevillana, y en sus variados colores me pinta las lindas flores del suelo donde nací, donde inocente reí, donde primero sentí mis amores.» «Cuando la enemiga bala chilla medrosa a mi oído, ya mi contrario caído el alma rabioso ecsala. ¡Qué me importan vengadores cien fusiles matadores que amenacen mi cabeza!
La cuadrilla, en ese año, la formaban como matadores Manuel Romero el jerezano, y Antonio López de Medina Sidonia; José Padilla, Faustino Estacio, José Ra- món y Prudencio Rosales, como rejoneadores ó picadores de vara corta; y como capeadores y banderilleros José Lagos, Toribio Mújica, Alejo Pacheco y Bemardino Landáburu.
Allí se oían simultáneamente los lamentos de los moribundos y los gritos jactanciosos de los matadores, y la tierra manaba sangre.
Después ya que a noticia de todos llegó que era el día del Juicio, fue de ver cómo los lujuriosos no querían que los hallasen sus ojos por no llevar al tribunal testigos contra sí, los maldicientes las lenguas, los ladrones y matadores gastaban los pies en huir de sus mismas manos.
Y, ya que estábamos determinados de seguir su parecer, nos avisaron que los señores alcaldes de Corte habían preso en su casa a los padres de la doncella y a la misma doncella, y que entre otros criados a quien tomaron la confesión, una criada de la señora dijo cómo mi pariente paseaba a su señora de noche y de día; y que con este indicio habían acudido a buscarnos, y, no hallándonos, sino muchas señales de nuestra fuga, se confirmó en toda la Corte ser nosotros los matadores de aquellos dos caballeros, que lo eran, y muy principales.
Numerosas las tribus existentes. Innumerables los hombres, los guerreros, los matadores, para matar a los de Brujo del Envoltorio.
“No son numerosos”, dijeron, pero no habían llegado a ver más que los maniquíes, los construidos con madera, que dulcemente se balanceaban, sosteniendo sus flechas, sus escudos, y parecían verdaderamente hombres, parecían verdaderamente matadores.
¡Cuán; dura fuerza se hacía a los huéspedes, no sólo en haber de examinar con sus propios ojos, y en sus casas, aquellas desgraciadas muertes, sino también en haber de ejecutarlas por sí mismos, trocando repentinamente el semblante apacible y humano para ejecutar en tiempo de tranquila paz un crimen tan horrendo, matándose de un golpe, por decirlo así, lo mismo los matadores como los muertos, pues si el uno recibía la muerte en el cuerpo, el otro la recibía en el alma!