matinal


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  • adjetivo

Sinónimos para matinal

matutino

Sinónimos

Ejemplos ?
Mi dormitorio estaba vecino al de ellas. Cuando cantaban los campanarios su sonora llamada matinal, ya estaba yo despierto. Oía, oreja atenta, el ruido de las ropas.
En las extensas piezas, junto a las ventanas abarrotadas, por donde entraba el fresco matinal renovando el ambiente cargado por el vaho del amontonamiento de la carne...
Respondo con lástima que el que tal pregunta hiciera, ignoraría estos dos supremos placeres de todos los tiempos y todas las edades: el amodorramiento matinal y la contravención.
Apenas la grande verja se abre, penetran en el fúnebre recinto, y lo invaden en toda su extensión, llevando los ardientes rumores de la vida al helado silencio de la muerte. Óyese por todas partes algo como el ruido de puertas que se abren. Diríase el matinal despertar de una ciudad. ¿Qué es eso?
Pero la casualidad, o el diablo que no duerme, hizo que Mauro Cordato y su perro estuvieran también respirando la brisa matinal y paseándose por la extensa alameda de sauces que conducía a la Recolección franciscana.
El sol matinal, un sol pálido de invierno, temblaba en los cristales de aquella ventana angosta que dejaba ver un camino entre álamos secos y un fondo de montes sombríos manchados de nieve.
¡Cómo le estarían poniendo los asientos! La tartana pasaba lenta y perezosa por entre el movimiento matinal. Las vacas de leche, de monótono cencerreo, husmeaban sus ruedas; las cabras, asustadas por el rocín, apartábanse sonando sus campanillas y balanceando sus pesadas ubres; las comadres, apoyadas en sus escobas, miraban con curiosidad aquellas ventanillas cerradas, y hasta un municipal sonrió maliciosamente, señalándola a unos vecinos.
Me levanté y eché a andar; pero las estrellas palidecían y una débil claridad en el cielo anunciaba el día; recobré el valor, y como estaba muy cansado, me acosté y me dormí de nuevo, sintiendo durante mi sueño un frío penetrante. Por fin, los rayos del sol y la campana matinal de la pensión, que llamaba a los colegiales a sus estudios, me despertaron.
Él partía, y entonces, en la carretera que extendía sin terminar su larga cinta de polvo, por los caminos hondos donde los árboles se curvaban en bóveda, en los senderos cuyos trigos le llegaban hasta las rodillas, con el sol sobre sus hombros y el aire matinal en las aletas de la nariz, el corazón lleno de las delicias de la noche, el ánimo tranquilo, la carne satisfecha, iba rumiando su felicidad, como los que siguen saboreando, después de la comida, el gusto de las trufas que digieren.
No retorció las manos como lo hacen los necios que se atreven a alentar a la Esperanza retadora en la misma cueva oscura de la Desesperación: Miró hacia el sol solamente y bebió el aire matinal.
Comenzó su lamento el viento matinal pero la noche continuó; en su enorme telar la red de la tristeza se extendió hasta que cada hebra fue hilada: y al rezar, nuestro miedo creció ante la justicia del sol.
Hubo al contar cierto yerro y grita y gresca se armó, hasta que el perro empuñó a dos manos el garrote: Zumba, cae, y el amigote medio muerto se tendió. Con la fresca matinal Michín recobró el sentido y se halló manco, impedido, tuerto, hambriento y sin un real.