matorral

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  • sustantivo

Sinónimos para matorral

Ejemplos ?
Después que se hubo desvanecido, con mucha precaución apartó un poco las ramas, y no sin experimentar algún sobresalto, vio aparecer las corzas, que en tropel y salvando los matorrales con ligereza increíble unas veces deteniéndose como a escuchar otras, jugueteaban entre sí ya escondiéndose entre la espesura, ya saliendo nuevamente a la senda, bajaban del monte en dirección al remanso del río.
El encanto se rompió, desvanecióse todo como el humo, y al bullicioso tropel con las tímidas corzas, sorprendidas en lo mejor de sus nocturno juegos, huían espantadas de su presencia, una por aquí, otra por allá, cuál salvando de un salto los matorrales, cuál ganando a todo correr la trocha del monte.
La mañana de otoño era tan primorosa; el sol brillaba con tal dulzura, con el relucir pálido de un disco de oro acabado de bruñir; el aire tenía una elasticidad tan suave, y los matorrales estaban de tal modo engalanados con la maraña carmesí de las barbas de capuchino, que el paseíllo, lejos de molestar, era un tónico.
A Loppi le costó mucho trabajo llegar a su casa, porque estaba cambiado todo el país, y en vez de matorrales había ganados y siembras hermosas, y en medio de todo una casa muy rica con un jardín lleno de flores.
Como dos leones que habiendo arrebatado una cabra de los agudos dientes de los perros, la llevan en la boca por los espesos matorrales en alto, levantada de la tierra; así los belicosos Ayaces, alzando el cuerpo de Imbrio, lo despojaron de las armas; y el hijo de Oileo, irritado por la muerte de Anfímaco, le separó la cabeza del tierno cuello y la hizo rodar por entre la turba, cual si fuese una bola, hasta que cayó en el polvo a los pies de Héctor.
Sin esperar más ocurrencias lamentables, me interné en la espesura de aquellos matorrales que para mi estatura se convertían en una verdadera jungla.
Arqueado en cuatro pies,tomaba agua de un chorro recóndito y azul, entre matorrales.Junto a los labios del amo, Rana tenía sumergido el hocico.
Un júbilo extraño innovaba rocas, montes, montañas, volcanes; un verdor misterioso acrecentaba la hierba, los matorrales y los árboles; un colorido de ropa nueva se extendía sobre la tierra, sobre el agua, en el viento...el propio sol se transformaba.
No nos dejéis cazar en la red, sino dadnos los hijos de la hierba de los caminos, los hijos de los matorrales con las hembras de los venados, las hembras de los pájaros.
Me preguntaba hundido en un malestar interno, próximo al terror. Así estaba pensando cuando de entre los matorrales surgió tambaleante una espeluznante lagartija.
El buen burgués que en las tardes de verano daba un paseíto por las afueras, veía salir de entre los matorrales una garra rugosa que parecía decirle: “¡Hola, amigo!”, y con un zarpazo irresistible se veía arrastrado hasta el fondo del fangoso agujero, donde la bestia tenía su comedor.
Mientras el hombre vaga en los remotos siglos prehistóricos sobre la tierra cubierta de matorrales, aprovechando sus frutos espontáneos, como un parásito inútil, no existen sociedad, historia ni familia; el día en que, bajando los ojos al suelo, piensa por primera vez en los pechos inagotables de la gran madre y araña su superficie en busca del yugo de sus entrañas, empieza la gran epopeya de la bestia convertida en ser humano.