mecer

(redireccionado de meciendo)
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  • verbo

Sinónimos para mecer

agitar

Antónimos

Ejemplos ?
Entre los que abrían las tiendas vi a mi antiguo enemigo, el carnicero, que ahora parecía un personaje importante, meciendo a un niño.
La brisa errante y serena, Mansa suena Meciendo árbol, hierba y flor, Y el mundo, en descuido inerme, Goza o duerme Sus pesares o su amor.
Oídos que están llenos del blando halago del cantar de Laura, y del dulce ruido que forma triste el aura meciendo los laureles que la tumba cubren de Tasso y de Marón...
yer el alba amarilla, Al anunciar la mañana, Pintaba de tu ventana El transparente cristal; Ayer la flotante brisa Daba a la atmósfera olores, Meciendo las gayas flores Sobre el tallo desigual.
Una mañana zarpamos, la mente inflamada, El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos, Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.
Esta grande traslación de honras celestiales a una moza mortal encendió muy reciamente de ira a la verdadera diosa Venus, y con mucho enojo, meciendo la cabeza y riñendo entre sí, dijo de esta manera: «Veis aquí yo, que soy la primera madre de la natura de todas las cosas; yo, que soy principio y nacimiento de todos los elementos; yo, que soy Venus, criadora de todas las cosas que hay en el mundo, ¿soy tratada en tal manera que en la honra de mi majestad haya de tener parte y ser mi aparcera una moza mortal, y que mi nombre, formado y puesto en el cielo, se haya de profanar en suciedades terrenales?
salió de la Chiricoa con 40 de a caballo rumbeando hacia menoreño, va Pedro Pérez Delgado en fila india por la oscura sabana meciendo el frío en chinchorros de canta va la guerrilla revolucionaria —va la guerrilla revolucionaria— con el cogollo, la manta, cobija con pelo e’guama 45 y canana...
pero la brisa era saludable; y graciosamente meciendo el espíritu, el metro rítmico refrigeraba el alma; el sol del ocaso era sublime en su tristeza de rosa y oro; los colores del mar encanto de los ojos; la paz de las ondas parecía una música silenciosa...
Y gime la fresca fuente Bajo el manto de cristal, Y gime lánguidamente La tórtola angelical; Y enamorada paloma Bebe la luz matinal, Meciendo el aura de aroma Con arrullo desigual.
Cuando esa naturaleza se concreta en la porción de tierra de una patria y se dice, "tierra", con emoción, el hombre adquiere la total integración de su ser, y en su excelencia humana es, ala que se abre acariciando espacio, pero llevando el nido en la pupila; o árbol que vive cargando cielo y manoteando vientos, meciendo nidos y volando en hojas, pero sintiendo en la raíz hundida, el sostén de la tierra y —porque tiene corazón el árbol— sintiendo, en el pulso, al correr de la savia, la comunicación vital con esa madre tierra.
Cuentan que iban sentados a la mujeriega en sus sillas de montar, hablando de la guerra que hacen en el bosque las serpientes al león, y de una mosca venenosa que les chupa la piel a los bueyes hasta que se la seca y los mata, y de lo lejos que saben tirar la azagaya y la flecha los cazadores africanos; y en eso estaban, y en calcular cuándo llegarían a las tierras de Tippu Tib, que siempre tiene muchos colmillos que vender, cuando salieron de pronto a un claro de esos que hay en África en medio de los bosques, y vieron una manada de elefantes allí al fondo del claro, unos durmiendo de pie, contra los troncos de los árboles, otros paseando juntos y meciendo el cuerpo de un lado a otro...
El sol se había puesto: en el jardín se escuchaba esa confusa algarabía de los pájaros tan característica de las tardes de estío; la brisa del mar, meciendo lentamente las copas de los árboles y empapándose en el perfume de las acacias, entraba a bocanadas por el balcón, inundando el gabinete en olas invisibles de fragancia y de frescura.