meditar

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  • verbo

Sinónimos para meditar

pensar

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Ejemplos ?
No intento más huir, es inútil, llama a tu padre, niña, dile que vengo a entregar me a él. Cecilia meditó un momento y al fin murmuró: -Voy a salvar a V..
Y sin saber cómo se puso a pensar en la profunda fuente de la confusión vulgar entre el pecado de la carne y la caída de nuestros primeros padres por haber probado del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Y meditó en la doctrina de don Fermín sobre el origen del conocimiento.
Pero aquel hombre terrible meditó y plantándose del otro lado de la zanja, apoyado en su tridente, empezó a injuriarme de una manera que revelaba su educación sumamente descuidada.
Cuando llegó al gruterío se enfrentó al grave problema de encontrar la gruta de su tesoro, pues eran tantas. ¿En cuál de ellas se ocultaría? Meditó un rato y agresivo escogió la más grande.
«Aquello era una barricada, y por aquel lado no había salida». Deshizo el camino andado, y al llegar a la puerta de la Biblioteca se detuvo, se rascó detrás de una oreja y meditó.
Él, que había sido un hombre insignificante mientras no fue más que catedrático de Psicología, Lógica y Ética, comenzó a llamar la atención de Lugarucos por su pericia en materia de culinaria ictiológica. Meditó mucho y acabó por adivinar qué peces debían entrar y cuáles no en una caldereta clásica, y qué ingredientes debían sazonarla.
Diego torció y mordió con enojo su mostacho y meneó la cabeza, como diciendo: «Vamos a ver: ¿Y qué hago yo ahora?» Meditó varios expedientes, y ninguno tuvo por aplicable.
Allí superando los alborotos de los sediciosos, y hollando las calumnias de sus émulos, supo sostenerse hasta el año de 1518, en que meditó su expedición á Argel, habiendo sido antes nombrado General de las fuerzas marítimas.
Convicto y confeso el delincuente, sólo faltaba aplicarle la pena. Don Simón Antonio meditó el punto un momento y dio, en seguida, orden que desatase al preso y lo trajesen a su presencia.
Pero los capitalistas, dices, ¿ni siquiera pretendieron sentir ninguna responsabilidad por el bienestar de sus subordinados?" "Ninguna, de ningún tipo." "Y, si entiendo bien, " prosiguió Edith, "este gobierno de los capitalistas carecía no sólo de sanción moral de ninguna clase o alegación de intenciones benevolentes, sino que era prácticamente un fracaso económico-- esto es, no aseguró la prosperidad de la gente." "Lo que vi en mi sueño anoche," repliqué, "y he intentado decirte esta mañana, no da sino una muy ligera idea de la miseria del mundo bajo el dominio capitalista." Edith meditó en silencio por unos momentos.
Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección: «En la aldea, a mi abuelo.» Tras una nueva meditación, añadió: «Constantino Makarich.» Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie lo estorbase, se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.
Carbones encendidos son sus ojos, ata en nudos su cola serpentina, que se agita al rigor de sus enojos; tiene rostro infernal, forma ferina, apenas vio el Monarca tenebroso a la tranquila madre y al infante, y al ángel que alumbraba su reposo con un rayo de luz de su semblante, suspiró como el mar en la tormenta, recordó su caída vergonzosa y de su rebelión la vil afrenta, renovando la llaga dolorosa. Meditó su pasado poderío, su alteza, su esplendor y antigua gloria, penetró sus medulas dolor frío, sudó sangre también con tal memoria.