meditar

(redireccionado de meditad)
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  • verbo

Sinónimos para meditar

pensar

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Ejemplos ?
"Huid los cantos, los bailes, las reuniones y todo lo que pueda ablandar el alma." :"No tengais ni oro, ni plata." :"No hableis sino de justicia, y no trabajeis sino por ella." :"Dormid poco, comed poco y no tengais mas que un vestido." :"Jamas os chanceeis." :"Meditad en secreto y reflexionad con frecuencia sobre la fragilidad de las cosas humanas." ¿Porqué fatalidad, por qué furor ha sucedido que en todos los países se ha deshonrado siempre la escelencia de una moral tan santa y tan necesaria con cuentos estravagantes y con prodigios mas ridículos que todas las fábulas de las metamorfosis?
Trabajadores, meditad en los principios de este Programa y si los halláis justos y merecedores de vuestro esfuerzo organizaos con ellos.
Mi pensamiento estaba en otra parte, y las palabras de Clarimonda me volvían a los labios como un estribillo que se repite involuntariamente. ¡Oh hermano, meditad bien esto!
Ni tratará de virtudes el que es acusado de crímenes e infidelidades. Pueblos, meditad bien los que elegís, y que sean tales que no necesiten de la inviolabilidad.
Los agentes principales del Gobierno dependen de vuestra elección: considerad, meditad bien que del acierto en ellas pende vuestra dicha; que la intriga o la facción jamás dirijan vuestro juicio; mientra las luces, la virtud y el valor, prudentemente escogidos y elevados por nosotros, sean las firmes columnas que perpetúen la duración del edificio.
Aunque más cómodamente puede entenderse que vivifica a los mismos que había mortificado, porque parece que repitiendo lo mismo, añade: «Condúcelos a los infiernos y vuélvelos a sacar de allí.» Pues a los que dice el Apóstol: «Si habéis muerto con Cristo, agenciad y buscad las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre», sin duda que saludablemente los mortifica el Señor a quienes persuade el mismo Apóstol diciéndoles: «Cuidad y meditad en las cosas celestiales, y no en las terrenas», para que ellos sean los que, hambrientos, se levantaron sobre la tierra.
¡Meditad brevemente sobre este suceso increíble, rompedor de las leyes de la vida y la muerte, superador de toda posibilidad; palabra de esperanza y de fe entre el absurdo y el infinito, innegable desconexión de lugar y de tiempo; nebulosa que hace llorar de inarmónicas armonías incognoscibles!
Y, finalmente, porque es grave peligro pactar con un enemigo tenaz, poderoso, irreductible, como lo es el que hoy pretende la hegemonía sobre España: porque la fidelidad a los pactos no obliga a los sin Dios, fundamento único de toda obligación moral; porque el comunismo no se contenta con menos que con todo, y porque al final de la contienda, cuando os halléis, tal vez en minoría, frente a un enemigo irreconciliable, por principios y por objetivo social, quedaréis en el desamparo en que quedan siempre las minorías en régimen de democracia autocrática, ya que el comunismo ha hecho compatible, en el hecho de la vida social, esta antilogía de regímenes políticos. Meditad lo que os decimos, carísimos hijos nuestros.
¿Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina? Meditad bien vuestra elección, legisladores.
Así, pues, meditad bien sobre vuestra situación actual, no sea que el remedio, para precaver los males que teméis, aceleren vuestra destrucción.