mellizo

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  • sustantivo

Sinónimos para mellizo

gemelo

Ejemplos ?
El pequeñito saltó de alegría. Los mellizos manifestaron su júbilo por varias demostraciones inconvenientes e inocentes. Míster Micawber, cuyo humor parecía agriado por decepciones prematuras, y cuya cara era algo adusta, cediendo a sus mejores sentimientos, lloriqueó.
Con el moderno, o sea con el vestido verde y los dos mellizos en brazos, el pobre mes de las flores más parece un ama de cría que un dios; y con la túnica de las mangas perdidas, el canastillo y la flor cerca de la nariz, nos recuerda a los afeminados judíos que venden católicos dátiles de Elche, diciendo que son de Berbería.
Bogole al encuentro, y ¡cuál no sería su asombro al ver en ella acostadas sobre algodones a dos criaturas recién nacidas, niño y niña, al parecer mellizos!
Ayer por la tarde, porque le pidieron sus hijos dos peniques para caramelos de limón, amenazó con un cuchillo de ostras a los dos mellizos.
-Y tú sabes -continuó el Moreno, sin parar mientes en las palabras de su mujer -que si Antonio ha dío a Córdoba no ha sio más sino porque yo se lo peí por favor, pa que me arreglara una chapuza que yo tenía por arreglar con los Mellizos de Tebas.
Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más. Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia.
Este niño era uno de los dos mellizos, y puedo asegurar que nunca en toda mi intimidad con la familia vi a los dos mellizos fuera de los brazos de su madre al mismo tiempo.
Los sucesos del día, combinados con los mellizos o con el ponche, tenían a mistress Micawber muy nerviosa, y me contestó con lágrimas en los ojos: -Yo nunca abandonaré a mi esposo.
Nunca he podido comprender del todo si mi precoz independencia confundía a mistress Micawber respecto de mi edad, o si era que estaba tan preocupada por el asunto que habría hablado de él a los mellizos de no haber tenido otra persona a mano.
Porque los ministros y cortesanos, que no la querían por Reina, por ser hija de un sastre, tramaron perderla; por lo cual, cuando salió de su ocasión, dando a luz unos hermosos mellizos, los muy pícaros escribieron al Rey que lo que la Reina había parido era un gato y una culebra.
Las golondrinas, que son tan buenas y tan madreras, se pusieron a alimentarse en coro sobre la suerte de la pobre Reina y de las inocentes criaturas, y los mellizos se miraron asombrados, sospechando si podrían ser ellos aquellos niños abandonados.
-Muchas gracias -me contestó con su peculiar moviniento de mano y metiéndose la barbilla en el cuello de la camisa- Ella está ahora reponiéndose; los mellizos ya no se alimentan de las fuentes de la naturaleza; en resumen -dijo míster Micawber en uno de sus arranques de confianza-, los ha destetado, y ahora me acompaña en mis viajes.