membrudo


También se encuentra en: Diccionario.
  • adjetivo

Sinónimos para membrudo

robusto

Ejemplos ?
Alonso, sujeto de quien dice un cronista que cuando se le cansaba el caballo se lo echaba al hombro, sin desnudarlo de arneses, y seguía tan fresco su camino. D. Alonso el Membrudo llamaban los conquistadores al capitán Alonso Díaz, deudo del gobernador de Panamá D. Pedro Arias Dávila.
Allí, cuando admiró el paraje ledo, un caballero halló la joven quedo; que a sombra de un feraz árbol membrudo de un margen con mil flores esmaltado estaba solo, pensativo y mudo junto al cristal luciente y regalado.
Narciso, no el de las flores pompa, que vocal sepulcro construyó a su boboncilla en el valle más profundo, sino un Adonis caldeo ni jarifo, ni membrudo que traía las orejas en las jaulas de dos tufos.
No dejó de asistir la cruda Hiena; desamparando su nevado monte, en las cortes también su voz resuena. ¡Oh membrudo y sagaz Rinoceronte!
El propietario, un hombre fornido y membrudo, de atezado rostro y ojos de mirada astuta, había sido un famoso cuatrero que por mucho tiempo fue el terror de los pobladores de Nahuelbuta, donde el temible personaje estableciera su guarida.
Ella empezó cuando Magdalena era una chicuela débil, de aspecto enfermizo. Él, por el contrario, era ya crecido y su cuerpo sano y membrudo tenía la fortaleza y flexibilidad de un mástil.
XLVII Vigilante aquí el Denia, cuantos pudo prevenir leños, fía a Juan Andrea, que a Argel su remo los conduzga mudo, si castigado hay remo que lo sea; venda el trato al genízaro membrudo cuando al corso no hay turco que no crea su bajel, que no importa, si en la playa el mar se queda, que el bajel se vaya.
Comprometido Alonso Díaz en el bando de Girón y vencido y ajusticiado este caudillo, acogiose el Membrudo al indulto que en 1554 promulgó la Real Audiencia, retirándose luego a vivir pacíficamente en el Cuzco, donde era uno de los más acaudalados vecinos.
No envidia al león la crin, ni al potro rudo El casco, ni al membrudo Hipopótamo el lomo corpulento Quien bajo los ramajes del copudo Baobab, ruge el viento.
Sólo gime ofendido el sagrado laurel del hierro agudo. 690 Deja de su esplendor, deja desnudo de su frondosa pompa al verde aliso el golpe no remiso del villano membrudo.
La verdad quede en su sitio, que yo ni ato ni trasquilo, y no estoy de humor para discurrir sobre si fueron verdes o fueron maduras. Abrazador o revolucionario, ello es que D. Alonso el Membrudo murió de mala muerte.
Bien que impulso noble de gloria, aunque villano, solicita a un vaquero de aquellos montes, grueso, membrudo, fuerte roble, 1005 que, ágil a pesar de lo robusto, al aire se arrebata, violentando lo grave tanto, que lo precipita, Ícaro montañés, su mismo peso de la menuda hierba el seno blando 1010 piélago duro hecho a su rüina.
A nosotros nos tienen metido un clavo que no le digo nada. —Pierda cuidado, pierda cuidado —rezongaba austeramente el hombre membrudo, esgrimiendo su enorme cuchilla en torno de un bofe.
Sabido es que el de Cañete, apenas llegó al Perú, probó que era hombre bragado y de sangre en el ojo, pues bastole el simple informe de que los conquistadores Piedrahita y Díaz el Membrudo estaban siempre así listos para un fregado como para un barrido, esto es, con ánimo dispuesto al barullo, para que, sin más averiguarlo, exclamase su excelencia: -¡Voto a los pelos del diablo!
Pero cuando el hombre aró la tierra, y poseyendo otros medios de existencia que la caza o el robo pudo vivir en relativa paz, acató la autoridad del patriarca: y entonces la majestad de la vejez, las luengas barbas de nieve, la frente arrugada y serena, ejercieron una influencia misteriosa, un poder religioso, superior al del brazo membrudo armado con el hacha de pedernal.
Y tan estrecho fue el abrazo y tal la fuerza con que apretó D. Alonso el Membrudo, que el soldado dio un grito y cayó redondo lanzando un torrente de sangre por la boca.
Vio Reinaldo el cuartel que había en su escudo y con cuánta soberbia lo mostraba, y bueno juzgó a aquel moro membrudo que el mismo porta que el señor de Brava.
La primera impresión que produce mi médico con la frescura casi infantil de sus mejillas sonrosadas y llenas que contrastan con la barba rizosa y gris y la singular vitalidad que revelan sus miradas y los ágiles movimientos del cuerpo recio y membrudo no debilitado por los sesenta y cinco años que lleva gallardamente, es la de una perfecta salud corporal y mental.
Con ella da a Grifón y lo echa al llano, y luego cuando está frente a Aguilante le toca el borde apenas del escudo que cae sobre la arena aquel membrudo.