mendrugo

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  • sustantivo

Sinónimos para mendrugo

corrusco

tonto

Sinónimos para mendrugo

Ejemplos ?
uan Álvarez Montalbán (Mazarrón (Murcia); 1960), dibujante de cómics español, creador de Los Mendrugos y Lucía, gabinete de sexología.
Después entra a servir a un hidalgo arruinado cuyo único tesoro son sus recuerdos de hidalguía y de dignidad; Lazarillo simpatiza con él, ya que aunque no tiene nada que darle, por lo menos le trata bien, si bien recurre a esa simpatía que despierta para conseguir que le dé parte de los mendrugos que consigue el muchacho al pedir limosna, ya que él no posee la dignidad de la hidalguía.
Cuando a roer mendrugos corrompidos asoma su miseria, por las casas, escapa con sus lúgubres aullidos entre una doble fila de amenazas.
Era totalmente natural que así fuese. Los hombres luchaban por mendrugos cuando pasaban hambre, pero no reñían por el pan sentados a la mesa de un banquete.
Siete años contaría, cuando su madre, conociendo por la chispa de que ya se hizo mención y por proezas análogas, que era apto para las fatigas del mundo, comenzó a darle los tres mendrugos diarios de pan envueltos en soplamocos y puntapiés.
En lujoso escritorio el rey de la industria, el señor del capital, calcula; las cifras nacen de su cerebro y nuevas combinaciones van allá, lejos de la opulenta morada, a disminuir el calor del hogar y los mendrugos de los proletarios; trabaja, trabaja; también él trabaja.
Ese grupo que junto a la mesa agita incensarios, no tiene más incumbencia que ésa, a cambio de los mendrugos que, de cuando en cuando, les dan los nuevos señores.
En tanto que duró la composición de su comedia, no dejó de venir a la huerta ni a mí me faltaron mendrugos, porque los repartía conmigo con mucha liberalidad, y luego nos íbamos a la noria, donde, yo de bruces y él con un cangilón, satisfacíamos la sed como unos monarcas.
Recordaba, sin intención de hacerlo, las aventuras de sus primeros años: una mujer morena, vestida con pingajos multicolores, que le daba besos y mendrugos de pan; y un hombre esbelto, ágil, de mirada enérgica y semblante duro, que solía hablarle áspero y molerle los riñones con una vara; pero que con su mal genio y todo, andaba a pie leguas y leguas, mientras el chiquillo y su madre iban a lomos de Madroño, y destinaba al hijo la primera cucharada de sopa y echaba por la boca venablos y rayos por los ojos cuando alguien se metía con Curro.
Allí lo hallaron rígido, difunto en toda regla. En torno de su cama se veían algunos mendrugos de pan duro y cortezas de queso rancio.
Ebullición espantosa, esta vez de entusiasmo, porque el pueblo es cándido y nunca sospecha menos que cuando se le está engañando más. -¡Ojo! -torna a gritar la Prensa, devorando su repuesto de mendrugos. -¿Quién pasa?
Y toda la cebada fue para él, porque, aunque al principio comí un poco de ella, bien machacada y hervida a fuego lento, en cuanto vi en un rincón unos mendrugos, que dejaron abandonados los de la cuadrilla, los devore ávidamente; hacía un siglo que no había comido, y creo que ya se ponían telarañas en mi paladar.