morcilla


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Sinónimos para morcilla

embuchado

Ejemplos ?
Y, al instante, el hombre se percató de que era más tonto aún que su mujer, pues, por ese segundo deseo, la morcilla saltó a la punta de la nariz de aquella pobre mujer que no podía arrancársela.
Echa de lo tras añejo, porque con más gusto comas, Dios te guarde, que así tomas, como sabia mi consejo. Mas di, ¿no adoras y aprecias la morcilla ilustre y rica?
-¡Qué desgraciada soy! -exclamó- ¡eres un malvado por haber deseado que la morcilla se situara en la punta de mi nariz! -Te juro, esposa querida, que no he pensado en que pudiera ocurrir -dijo el marido-.
Apenas me descuidaba veía venir por el aire una mano seca y rigurosa, y me llovía en el plato una media morcilla o un torrezno gordo.
¿Qué podemos hacer? Voy a desear grandes riquezas y te haré un estuche de oro para tapar la morcilla. -¡Cuídate mucho de hacerlo!
Aquella noche es entregado el trasero de Sofía y el duque propone sangrarla, cosa que no puede hacerle daño, al contrario, y que con su sangre se haga morcilla para el almuerzo.
-prosiguió la mujer- pues me suicidaría si tuviera que vivir con esta morcilla en mi nariz, te lo aseguro. Sólo nos queda un deseo, cédemelo o me arrojaré por la ventana.
Mientras hablaba, la mujer cogió unas tenazas y atizó el fuego; y cuando vio que había bastantes carbones encendidos, dijo sin reflexionar: -He aquí un buen fuego, me gustaría tener un alna de morcilla para cenar, podríamos asarla fácilmente.
Aliquid chupatur», y el Cabildo confirmó su primer decreto; que, como dijo Barbarán el de Sevilla, «quien no mata puerco no come morcilla».
-¡Quién tuviera una de ellas aquí -repuso la mujer- para asarla sobre las brasas y cenárnosla! Apenas lo había dicho, cuando apareció sobre las brasas la morcilla más hermosa que hubo, hay y habrá en el mundo.
-Soy un vendedor de productos de limpieza y ando ofreciendo pocillos para la leche, parrillas para el asado, cepillos para la limpieza, hornillos para calentar el ambiente y hasta morcilla, que es un deleite.
¿Y la casa? -Nada. -Desearemos una mina, hija, y te haré una funda de oro para la morcilla. -Ni que lo pienses. -Pues qué, ¿nos vamos a quedar como estábamos?