morder

(redireccionado de mordía)
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  • verbo

Sinónimos para morder

corroer

Sinónimos

Ejemplos ?
¿Era bastante duro? ¿Era fuerte? ¿Tenía las puntas afiladas? ¿Mordía bien? ¿Mordía? Y a cada pregunta me daba tal palo, que me hacía retorcerme.
El patio de recreo estaba abierto, por la parte de atrás, a las dependencias de la casa, y yo sabía que todas las criadas leían mi letrero, y el panadero, y el carbonero; en una palabra, todo el mundo que iba por la mañana a la hora en que yo tenía orden de pasear por allí; todos leían que había que tener cuidado conmigo, porque mordía.
Mariposa se arreglaba nerviosamente el delantal. Andrés mordía con rabia el tallo de una flor. Súbitamente, el enamorado asió violento a la muchacha por la muñeca.
Cuando llegó, procedió a la ceremonia de la presentación: -Míster Dick, un antiguo a íntimo amigo, con cuyo juicio cuento -dijo mi tía con énfasis, y como avisando a mister Dick, que se mordía las uñas con aire atontado.
Aquel relato hizo nacer la esperanza en muchos corazones devorados por la inquietud. María de los Ángeles, apoyada en la barrera, sintió que la tenaza que mordía sus entrañas aflojaba sus férreos garfios.
La vista saltearon poco menos Del huésped admirado Las no líquidas perlas que, al momento, A los corteses juncos —por que el viento Nudos les halle un día, bien que ajenos— El cáñamo remiten, anudado. Y de Vertumno al término labrado El breve hierro, cuyo corvo diente Las plantas le mordía cultamente.
Ella respiraba de una forma entrecortada. Rodolfo miraba alrededor de él y se mordía el bigote. Llegaron a un sitio más despejado donde habían hecho cortas de árboles.
Emma mordía sus labios pálidos, y dando vueltas entre sus dedos a una ramita del polípero que había roto, clavaba sobre Carlos la punta ardiente de sus pupilas, como dos flechas de fuego dispuestas para disparar.
Ese frotamiento, aquel calor devorador que mordía sus testículos, quizás un poco de manoseo de mis dos nalgas, que debía tener siempre a la vista durante la operación, todo eso le hacía eyacular y tenía buen cuidado de hacer caer su esperma sobre la pala roja, donde con delicia la veía quemarse.
Sólo allá, muy adentro, tras los bruscos arranques de impotente frenesí que de tiempo en tiempo sacudían su entraña, mordía acérrimo el odio.
Estaba arrepentido de no haber dado muerte al incestuoso raptor, y el pensamiento de buscarle a través de la tierra mexicana se hacía doloroso: Era una culebra enroscada al corazón, que me mordía y me envenenaba.
¡Bah! Y de nuevo tuvo otra explosión de lágrimas. Mordía la almohada, para no gritar. En las casas pequeñas, la queja no puede ser ruidosa.