odiar


También se encuentra en: Diccionario.
  • verbo

Sinónimos para odiar

abominar

Sinónimos

Ejemplos ?
Porque los opresores saben que no pueden hacer que odies la raíz sin hacer que también odies el árbol. No puedes odiar tus orígenes, sin acabar por odiarte a ti mismo.
De que después de haberse fiado de un hombre sin ningún examen y de creerle sincero, honorable y fiel, acabamos por descubrir que es falso y perverso; después de varias experiencias parecidas, viendo que uno ha sido engañado por los que creía eran sus mejores y más íntimos amigos, harto de verse tanto tiempo sometido a tal error, llega a odiar a todos los hombres persuadido de que no hay ni uno que sea sincero.
corazón... algo que... me quitaba... el reposo... algo que... me hacía... odiar a tu... marido... y... este algo... que yo no... sabía explicarme...
«Para un espíritu superior, decía el sublime combinador de batallas, no existen más que hechos». Napoleón amaba la guerra sin odiar a nadie.
Su espada y su látigo son reliquias. Sólo el amor arraiga y procrea. Los fuertes no pueden odiar. Se odia de abajo a arriba. La salud no odia, y el odio absoluto, la obsesión del mal por el mal, el designio de la destrucción inútil es cosa de enfermos.
Y entonces, los odios se suturaron en lo externo, y ante el peligro de que el sistema oligárquico se cayera, se silenciaron las baterías, acostumbradas a odiar tan ardorosamente.
Si Emma había hablado en serio, resultaría muy ridículo, pensaba él, incluso odioso, pues no tenía ninguna razón para odiar al buenazo de Carlos, no estando lo que se dice consumido por los celos; y, a este propósito, Emma le había hecho un gran juramento que él no encontraba tampoco del mejor gusto.
Que qué duro es odiar lo que hay que odiar porque lo dicen los que dicen amar lo que no aman y tener que tambalearte las castillos que con grietas construiste entre tanto (trabajo que a destajo de tus ojos y tu mente te (pariste...
Estoy empezando a odiar hasta lo incierto de mis fantasías desnudas y una guerra en mi universo de chatarra en órbita me despoja de ternuras huecas.
para no odiar perennemente; nunca putañero, solamente cuando amo cojo y jamás humillando a mi pareja escondiéndonos en los moteles como ratas, sino en el vasto imperio de mi cama; jamás pendenciero, temprano en el estudio me recojo y me pongo a platicar con tantos muertos que jamás murieron hasta fundirme a sus pensares viejos.
Corazón con latidos de armenia, alma de amor que nunca á odiar aprende, relámpago divino que sólo en Dios y para el bien se enciende, acaso cual la tímida violeta, desde un retiro le convida al mundo su delicioso aroma, y aunque sufra cual Job, su mismo llanto es un himno, un perfume, un riego santo.
Su sustituto en el Gobierno, el General Ibáñez, que entonces era miembro de ese Parlamento, dijo allí, combatiéndolo con toda franqueza: “Y porque deseo que se mantengan siempre esas buenas relaciones con la más poderosa democracia continental, porque deseo que el pueblo de Chile no llegue a odiar al pueblo norteamericano, me opongo a la aprobación de este Convenio, mal concebido, peor redactado, que hiere el sentimiento nacional, pone en peligro nuestra soberanía y es degradante para nuestras fuerzas armadas.” Fue terminante el General Ibáñez.