porquería

(redireccionado de porquerías)
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Sinónimos para porquería

Sinónimos para porquería

Ejemplos ?
Por eso no puedo llevarte, como te ofrecí ayer, las ricas blondas y demás porquerías que me han traído de Lima, y que están haciendo raya entre las mazamorreras.
Se atraganta una niña de dulces, hojaldres y pastas, y no faltan labios de caramelo que digan: -¡Cómo no se ha de enfermar esta muchacha, si no vive más que comiendo porquerías!
Las cabezas se habían calentado mucho, tanto en la comida como en la cena, no estaba permitido abusar de las sirvientas; éstas, siendo la quintaesencia de lo que ofrecía aquella comunidad, debían ser tratadas con miramientos, pero, en revancha, se permitieron con ellas toda suerte de porquerías.
-¡Sí, porquerías! -dijo Rafaelita-. ¡Qué cosas tiene usted, mamá! Pues bien guapos son esos jóvenes que están ahí pintados. - ¡Y bien guapas las jóvenes que están junto a ellos!-añadió Carlitos.
de las pocas que el condenado mal me deja salir de casa. Pero estas porquerías (y señalaba a los cacharros de los anaqueles) me repugnan...
Confundida con la poquedá, determinó que alguna gallina forastera tal vez si había colao por un güeco del bahareque y había puesto en algún zurrón viejo di una montonera qui había en la despensa; que lo qu'era corotos y porquerías viejas sí había en la dichosa despensa hasta pa tirar pa lo alto; pero de comida, ni hebra.
La vida, ¡vaya!, era guapa cosa; los que son jóvenes, tan jóvenes, y sienten en las venas una sangre cálida y bullente, no se mueren así como así, ni se les pone la cara tan rara, ni sufren esa tos que parece que se están deshaciendo por dentro en babas y en porquerías...
¡Son tan virtuosos! - La vieja me dio muy buenos pesos para que la dejara hacer sus porquerías en mí. Lo mismo se mete con los criados que con las criadas.
Y son tales los nombres de sus recetas y tales sus medicinas, que las más veces de asco de sus porquerías y hediondeces con que persiguen a los enfermos, se huyen las enfermedades.
Escucharéis, os lo prevengo, porquerías abominables, pero vuestros oídos ya están acostumbrados a ello, vuestros corazones las aprueban y desean, y sin más demora entro en materia.
Cuando uno es muchacho padece de raras aprensiones: cree que tiene que hacer el gusto a los demás, y no el propio. Obedecí a la harpía, y comprendiendo que me envenenaba, comí de aquellas porquerías grasientas.
Vino más rico, ni en Arganda, con ser Arganda, se bebe. Y si no, mira, Pepa, tráete la botella para que se tire un latigazo el señor don Juan y vea las porquerías que por aquí bebemos.