portero


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  • sustantivo

Sinónimos para portero

guardameta

Sinónimos

guardián

Sinónimos para portero

Ejemplos ?
¿Pues qué se ha de hacer? ¿No ha de llegar el sabio a las puertas guardadas por un áspero y desabrido portero? Si le obligare algún caso de necesidad, podrá experimentar el llegar a ellas, amansando primero con algún regalo al que las guarda como perro mordedor, sin reparar en hacer algún gasto, para que le dejen llegar a los umbrales; y considerando que hay muchos puentes donde se paga el tránsito, no se indignará de pagar algo, y perdonará al que tiene a su cargo esta cobranza, séase quien se fuere, pues vende lo que está expuesto a venderse.
De corto ánimo es el que se muestra ufano porque habló con libertad al portero y porque le rompió la vara y se entró al dueño y le pidió que lo mandase castigar.
Luisa se acercó hasta el portero quien paciente recibía a los invitados que llegaban al jolgorio y le preguntó: -¿Por qué hay fiesta?
-Ahora voy a construirlos de verdad -dijo Jorge, entusiasmándose con sus propias palabras. El general y la generala discutían en su habitación acerca del hijo del portero, y convenían en que sabía moverse y expresarse.
Su rabia le hacía desatarse en improperios: -¡Qué monstruosa locura! ¡Qué desvaríos de portero!. Menos de una hora después, la generala había oído la escena de boca de su marido.
Los contempló, y numerosos pensamientos acudieron a su mente. Recordó el día en que, sin ser vista por sus padres, había ido a la casa de la mujer del portero, que se hallaba moribunda.
OR EL MILAGRO DE HABER SUDADO LOS NIÑOS JESUSES Y SAN SEBASTIÁN, SEACUERDA HACER ROGTATIVAS Y PROCESIONES – EN VISPERAS DE LA FIESTAS DEL APÓSTOL SANTIAGO SE NOMBRA AL CAPITÁN DIEGO NAVARRETE ALFÉREZ REAL PARA SACAR EL REAL ESTANDARTE – SE DESIGNA PORTERO DEL CABILDO A JUAN DE FERNANDO – GASTOS DE LA CARNICERÍA.
Y, luego, se trató el que no había portero para el Cabildo y nombraron a Joan de Fernando, Teniente de Alguacil Mayor, y mandaron se le pagasen los cuarenta pesos que está en costumbre.
Y sus tostadas mejillas, su mirada melancólica, la voz que del pecho arranca ronquecida y fatigosa, bien a las claras demuestran el dolor que le destroza el corazón, donde hierven sus penas harto recónditas. Llamó a la puerta en voz baja: y en voz amenazadora, «¿quién va?», respondió un portero que los dados abandona.
Y de este modo se encumbró Jorge, y llegó mucho más alto todavía; de otro modo no habría valido la pena de contar la historia del hijo del portero.
El general vivía en el primer piso, y el portero, en el sótano. Había una gran distancia entre las dos familias: primero las separaba toda la planta baja, y luego la categoría social.
Bajo el árbol solía sentarse la emperejilada nodriza con la pequeña Emilia, la hijita del general, más emperejilado todavía. Delante de ellas bailaba, descalzo, el niño del portero.