preciosidad

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Sinónimos para preciosidad

Ejemplos ?
El museo del Louvre atesora, entre otras preciosidades de oro, la tríada de Osiris, Isis y Horus y unas copas con figuras grabadas.
La descripción dada en la ley fue: Las armas de la Nación Peruana constarán de un escudo dividido en tres campos: uno azul celeste, a la izquierda, que llevará una vicuña mirando al interior; otro blanco, a la derecha, donde se colocará el árbol de la quina; y otro rojo inferior y más pequeño en que se verá una cornucopia derramando monedas, significándose con estos símbolos, las preciosidades del Perú en los tres reinos naturales.
Certifico, que las pocas veces que logré oírle, me tenía absorto y sin aliento para hablar una palabra, tanto por no interrumpir la corriente de las preciosidades que derramaba, cuanto por conocer que todo lo que yo podría decir parecía cosa vil a vista de la variedad y hermosura de sus noticias, juntas con la facilidad, energía, y delicadeza de sus expresiones.» Le elogian también Fuertes Acevedo, Francisco Gregorio de Salas, y otros estudiosos de los siglos XVIII y XIX.
Además, el sitio Spunitkmusic llamó a «Give Your Heart a Break» «Hold Up» e «In Real Life» «preciosidades optimistas de Unbroken».
Doña Isabel 2.ª hizo al Castillo de la Aljaferia en 27 de julio de 1845. Capítulo 16. De lo que debería egecutarse para conservar y reparar las preciosidades de este edificio. NOTA 1.ª Escmo.
Bajó después al perfumado tálamo, que era de cedro, tenía elevado techo y guardaba muchas preciosidades; y llamando a su esposa Hécabe, hablóle en estos términos: —¡Hécabe infeliz!
DECRETA: Las armas de La Nación Peruana constarán de Un escudo dividido en tres campos: uno azul celeste a Ia derecha, que llevará una Vicuña mirando al interior; otro blanco a La izquierda, donde se colocará el árbol de La Quina, y otro rojo inferior, y mas pequeño, en qua se vera una Cornucopia derramando monedas, significándose, con estos símbolos, las preciosidades del Perú en los tres reinos naturales.
Son muñecos de cartón y juguetes de cinc, fabricados en París mismo, recuerdo grosero de las preciosidades que antaño le metían a uno por los ojos, casi de balde.
Un domingo, sin embargo, como su madre hubiese salido a misa, vio Jacinta puestas las llaves del tocador, en el que guardaba, sin duda, preciosidades, pues ni aún entreabrirlo había consentido jamás la señora en presencia de la colegiala; y ésta, cual gatito que puede deslizarse en alacena bien repleta de fiambres y quesos, diose prisa a huronear.
Nunca se acababa de ver preciosidades: los murmuraban con halagüeño y suave runrún las señoras que iban desfilando, echando por última vez los lentecitos de concha a los tableros cargados de magnificencias.
De aquí nuestra vergonzosa ignorancia en las ricas preciosidades que nos rodean, y en su aplicación a los usos más comunes de la vida.
Notó que perdía afición al análisis de laboratorio, a las preciosidades de la miniatura en el arte, a las delicias del pormenor en la crítica, a la claridad plástica en la literatura y en la filosofía: el arte del dibujo y del color le llamaba menos la atención que antes; no gozaba ya tanto en presencia de los cuadros célebres.
Él no solo executó superiormente, y aun mejoró en parte los planos de su maestro; sino que trazó y dispuso por sí mismo otras cosas muy principales. Una de ellas es el templo, obra magnífica, acabada y que encierra en sí tantas preciosidades admirables.
Dicho esto, dexó á Babuco en manos de un aprendiz de mago, para que le obsequiase. Enseñábale este las preciosidades de esta casa de penitencia, quando se esparció la voz de que traía comision de hacer reformas.
La niña, anegada en lágrimas, cae entre su madre y un viejo achacoso que va a tomar las aguas; la bella casada entre una actriz que va a las provincias, y que lleva sobre las rodillas una gran caja de cartón con sus preciosidades de reina y princesa, y una vieja monstruosa que lleva encima un perro faldero, que ladra y muerde por el pronto como si viese al aguador, y que hará probablemente algunas otras gracias por el camino.
No bien el príncipe comenzó a interesarse por los objetos exteriores, le pusieron entre las manos cuanto señalaba con su dedito; y como llega una edad en que los niños quieren tocar todo, no hay que decir las preciosidades que hizo añicos, sin saberlo, el príncipe.
Transcurrieron muchos años, y aquellos niños se convirtieron en hombres y mujeres. Se levantaba en la ciudad una casa magnífica, toda ella llena de preciosidades.
No volveré a cubrir mi cuerpo con lo que otras no quisieron para el suyo...» Y sentía un profundo goce que le dilataba el pecho, que le enrojecía las mejillas, el disfrute anticipado de tantas preciosidades.