prodigar

(redireccionado de prodiga)
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  • verbo

Sinónimos para prodigar

Ejemplos ?
Hallará usted, mi joven amigo, mucho de prosaísmo en esta mi manera de estimar la poesía, (no diré si espiritualmente amatoria ó sensualmente erótica), sembrada de besos, como los que prodiga usted en AZAHARES.
Varón es él como el que más; y si bien su fama no es de aquéllas que al oro y al poder prodiga la rastrera adulación, sino recatada y silenciosa como la que al mérito y la virtud tributa a veces la justicia; no por eso a mi entender debe dejarse arrinconada en la región epigástrica de las innumerables criaturas a quienes da gusto y robustece, puede decirse, con la sangre de sus propias venas.
Todos sentimos que el reposo constituye un beneficio para la vida anímica, y la consciencia popular no se deja arrebatar el oscuro presentimiento de que los sueños son uno de los caminos por los que el reposo prodiga su acción bienhechora.» La tentativa más original y de mayor alcance realizada para explicar el sueño como una especial actividad del alma, que sólo en el estado de reposo puede desarrollarse libremente, ha sido la emprendida por Scherner en 1861.
El enigma de la preferencia exclusiva del sueño por los fragmentos sin valor de la vida diurna desaparece por completo y queda probada la inexactitud de aquellas afirmaciones que pretende que la vida anímica de la vigilia no continúa en el sueño, y que el mismo prodiga, en cambio, actividad psíquica en materia insignificante.
Pero la fortuna, que no prodiga sus favores a los hijos de Apolo, fue avara para con don Esteban, quien renunciando, al 6n ,a buscar los tesoro.s que la tierra oculta, se establecio en Lima, dondc cl virrey don Teodoro de Croix, enamora- do de su ingeiiio y travesura, le dispense la proteccion mas solicita.
No es extraño. Es hombre que se prodiga poco. Cuando se exhibe lo hace en toda regla; pero es en ciertas pompas de no fácil acceso para la gente de poco más o menos .
"La piña, dijo, la fragante piña, En mis pensiles sea cultivada Por mano de mis ninfas; sí, que con Su bálsamo en Idalia". ¡Salve, suelo feliz, donde prodiga Madre Naturaleza en abundancia La odorífera planta fumigable!
Obra como ésta no la prodiga naturaleza: las líneas rehenchidas de aquella escultura de carne tierna diseñaban ya la mujer antioqueña, alta, esbelta, de movimientos lánguidos y cadenciosos; el cuello y el pecho ondulaban en esponjes de paloma cuando arrulla; la boquita, de labios un tanto gruesos pero correctos, se plegaba con el mimo y la monería que sólo la inocencia sabe producir, mostrando unos dientecitos que parecían miajas de la pulpa del coco; movía esas manos pompas, de palmas sonrosadas, con la gentileza, la maña y la travesura de una gatita; y cuando, inclinada la cabeza, proyectaba aquellas pestañas crespas, largas y de color atortolado, hubiera servido de modelo para una Virgen niña.
Y Rosa, arrodillada delante de ella, le prodiga a la vez sus caricias y sus reproches; o bien exclama, con amargura: «Yo le amaba más de lo que usted le amaba»; o se esfuerza en hacerla dormir sobre su pecho, como a un niño enfermo.
Parece que este espíritu original quiso separarse del objeto que se proponen los demás pintores; y en vez de ganarse los ojos con las gradaciones, y conmover agradablemente el corazón con objetos bellos y dulces, tiraba á espantar con los contrastes mas fuertes y con la imitación de cosas tristes y horrendas: su pincel terrible y severo prodiga las luces y las sombras, y busca casi siempre para emplearse el horror de los martirios, la austeridad de la penitencia, los accidentes de la vejez, las lóbregas sombras de la noche: entonces es quando el relieve de las figuras manifiesta toda la valentía de su estilo.
Yo amo a aquel cuya alma se prodiga, que no quiere recibir agradecimiento ni devuelve nada: pues él da siempre y no quiere preservarse.
Por eso no comprenden, aunque la maten, que si algo repugna al hombre que desea casarse, es la mujer que le echa memoriales de galas y cintajos por toda recomendación, para que la elija, y prodiga en calles y paseos una belleza que le fascinaría brillando entre las santas paredes del hogar doméstico junto al costurero, detrás de unas cortinillas blancas como los ampos de la nieve.