rendir

(redireccionado de rendían)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para rendir

producir

someterse

Sinónimos

ceder

Ejemplos ?
Paso por alto el que los minturnenses, excitados de Ia compasión, encomendaron los sucesos de Mario a la diosa Marica, a, quien rendían adoración en un bosque contiguo al lugar y consagrado a su hombre, para que le favoreciese y diese prósperos sucesos en todas sus empresas; y sólo advierto que, vuelto a su primera prosperidad desde la suma desesperación, caminó fiero y cruel contra Roma, llevando consigo un poderoso y formidable ejército, adonde cuán sangrienta fue su victoria, cuán cruel y cuánto más fiera que la de cualquier enemigo, léanlo los que quisieren en los autores que la escribieron.
De suerte que, aunque ésta no lo creyesen, llamasen dios a Rómulo por no ofender el honor de la ciudad, a quien rendían vasallaje er asunto de su fundador, llamándole de otra manera que Roma, la cual creyo aquella patraña, no por afición al error sinó por amor desordenado a su fundador.
Sal­vador me contestó que las palmeras eran muy bonitas, pero no rendían un centavo, y que valía más una hoja de yerba que sus penachos inúti­les.
Y en este templo había trescientos sesenta y cinco ídolos, a quienes se rendían a diario honores divinos con ceremonias sacrílegas.
Apurado el sargento por salir de la falsa posición en que lo había metido una de las bruscas acometidas de los libertarios, apareció en la calle agitando un pañuelo blanco en señal de paz, seguido de los soldados llevando los fusiles con las culatas hacia arriba; los rebeldes creyeron que se rendían y los dejaron avanzar; pero de pronto, cuando los traidores esbirros se hallaban próximos a la puerta del cuartel, volvieron los fusiles e hicieron fuego sobre los que les habían perdonado la vida.
Una vez que entraran en contacto con el enemigo, él confiaba que el enemigo culpable ya no se regocijaría con la desgracia que se había apoderado del ejército romano, y que el pueblo de Roma vería cuánto mejor servicio rendían a la república aquellos que le habían nombrado dictador por tercera vez, que no aquellos que habían arrojado una mancha sobre su segunda dictadura al haber privado a los censores de su poder autocrático.
Siguieron después su curso hacia el cabo de Gracias a Dios, situado en tierra firme, en la altura de 15 grados, latitud septentrional, 100 leguas de la isla de los Pinos; pero estando en mar les sobrevino una pesante calma, con que la sola agitación de las olas los llevó al golfo de Honduras, donde trabajaron mucho para volver a subir de la profundidad en que estaban, pero las aguas y los vientos contrarios les rendían sus trabajos inútiles...
A la Compañía lo único que le interesaba era contar con hombres robustos, de músculos fornidos y de carácter preciso, no enredados en el laberinto de las incertidumbres. Además, así alejaba al obrero de los vicios parasitarios que le debilitaban, y, por consiguiente, rendían menos en el trabajo.
En otro tiempo hubo una época en que los países de Shubur y de Hamazi, Sumer donde se hablan tantas (?) lenguas, el gran país de las leyes divinas de principado, Uri, el país provisto de todo lo necesario, El país de Martu, que descansaba en la seguridad, El universo entero, los pueblos al unísono (?) Rendían homenaje a Enlil en una sola lengua.
La historia de su martirio nos dice que el rey Sapor le propuso que adorase al sol; pero sabido es que los persas no rendían culto al sol: lo consideraban como un emble­ma del buen principio de Ahura Mazda u Ormuz, el dios crea­dor que ellos reconocían.
No llegaba tampoco sin cierto aparato teatral y bien se conocía, al verle con su traje todo negro, su rico pañuelo de seda, sus aperos y su tirador relucientes de plata, que no se consideraba como un gaucho cualquiera; y por fin tenía razón, pues todos a su talento rendían homenaje.
Si baxo las banderas de Montano había manifestado Navarro su esfuerzo y pericia militar, alistado en las del Gran Capitán se acreditó de tal suerte, que solo se hablaba de sus proezas. Competia su valor con su ingenio, y las plazas que no cedían al auxilio de su espada, se rendían al de sus invenciones y arte.