rendija


También se encuentra en: Diccionario.
Búsquedas relacionadas con rendija: hendija
  • sustantivo

Sinónimos para rendija

Ejemplos ?
Además el malpaso. Casi sin comer, apenas una migajas y algo de agua que alguien introducía por una rendija de la puerta. Lo trataban como a un animal contagiado.
Deseco la fuente y el llanto se anuda audaz en mi mente. El tiempo cobija la loca llanura y en una rendija mi mal se clausura. Golpes de condenas taladran los pasos y sin más cadenas se cruzan los brazos.
Figúrense ustedes un ser enteramente parecido a una persona; algo más encorvado hacia el suelo que el género humano, merced sin duda al hábito de vivir inclinado sobre el bufete; mitad sillón, mitad hombre; entrecejo arrugado; la voz más hueca y campanuda que la de las personas; las manos mijt y mijt, como dicen los chuferos valencianos, de tinta y tabaco; grave autoridad en el decir; mesurado compás de frases; vista insultantemente curiosa y que acecha a su interlocutor por una rendija que le dejan libre los párpados fruncidos y casi cerrados...
El suelo se humedecía cada vez más, porque el sol no tenía fuerza bastante para enjugarle después de los chubascos, cada día más fuertes y más frecuentes; las noches eran eternas, y sólo un sueño como los que últimamente dormía el de Madrid, era capaz de hacérselas pasar medio a gusto entre los silbidos del vendaval que penetraba fino y cortante por cada rendija de las innumerables que tenían las puertas exteriores del solariego palomar; las lumbradas que hacía el ama en la cocina solamente las soportaban ella y don Silvestre, acostumbrados a su calor desde la infancia: el forastero se abrasaba acercándose al fuego, y retirándose de él se le helaban las espaldas con el gris que corría en aquel inmenso páramo.
Los pobres trabajadores, los obreros que necesitan una alimentación que les devuelva las fuerzas gastadas, no dejaron de quejarse; y con mil precauciones y mil restricciones, algunos países dejaron abierta una rendija para la carne congelada.
Aquella rendija, semejante al tubo de un colosal anteojo, puso a la vista de María de los Ángeles un mundo desconocido; un laberinto de corredores abiertos en la roca viva, sumergidos en tinieblas impenetrables y en las cuales el rayo del sol esparcía una claridad vaga y difusa.
El posadero no comprendía nada de lo que estaba viendo, pero era curioso; siguió al viajero, y aunque este cerró la puerta de la cuadra, miró por una rendija.
La movía lentamente –muy, muy lentamente–, para no perturbar el sueño del viejo. Tardaba hasta una hora en introducir toda mi cabeza por la rendija, de manera que pudiera verle tendido en su cama.
Dirigiose a la puerta, y después de haber mirado a través de una rendija para reconocer al que llamaba, abriola y penetró en la casa un hombre alto, pero algo encorvado, apoyado en un nudoso bastón que tenía en su extremo inferior una gruesa punta de hierro.
Hendida estaba por una tenue rendija, que ella había producido en otro tiempo, 65 cuando se hacía, la pared común de una y otra casa.
ni ratón parecía, ni el balbuciente hocico permitía que del nido saliese, ni queso ni papel se agujeraba, por costumbre o por hambre que tuviese, ni poeta por todo el universo se lamentó que le royesen verso, ni gorrión saltaba, ni verde lagartija salía de la cóncava rendija.
Contemplaba los desconchados de la pared, dos tizones humeando por las dos puntas y una larga araña que andaba por encima de su cabeza en la rendija de la viga.